El aire va reposicionando de manera constante los kilómetros y kilómetros que tiene, de alto y ancho, la cortina de humo que este domingo pone en estado de sitio la zona del Gran Concepción, medio millar de kilómetros al sur de Santiago de Chile, donde ya han muerto al menos 16 personas, según autoridades locales.
No es preciso mirar al cielo para advertir las variaciones. Basta con tener los ojos medianamente abiertos. Cuando todo lo que toca la luz se vuelve amarillo, aparece una verdad tremenda: el viento se ha detenido por unos segundos y el humo de las llamaradas de nuevo está tapando el sol. Luego vuelve el aire y corre un tanto el humo, y la luz, de un pestañazo, se torna blanca o un tanto más fría.
Parece muy impersonal decirlo así. Quizá se entienda mejor si se certifica que, en la comuna de Penco, respirar se hace difícil, que «llueven» hojas quemadas, que luce un pueblo al borde de un volcán, que hay carreteras cerradas, que las gasolineras tienen largas filas de carros ante el miedo de tener que salir para algún otro lado...
Que hay casas y cuadras y terrenos, donde hasta ayer vivió gente y donde volverán a vivir mañana, reducidos al estado impuro de las cenizas; que la policía no está pensando en cómo multar a quienes, en medio de los embotellamientos, asumen ir contra el tráfico, sino en cómo despejar urgente la calle, porque vienen y vienen enormes y ruidosos los camiones cisternas, y las ambulancias, y los rescatistas, y los automóviles de la medicina legal.
Que, cada pocos minutos, desde la tarde del sábado, un sonido estridente de alarma irrespeta el modo silencio de todos los celulares de la región, que repican y repican en los bolsillos; que el sonido pone de nervios a los gatos domésticos, mientras a sus dueños los estremece la sugerencia de evacuar.
No hay huracanes en este país. Su sino no es ese. Hay terremotos de cuando en vez, tsunamis cada cierto tiempo, pero lo más terrible y constante, durante buena parte del año, es el fuego de sus bosques.
Mucha gente lo está perdiendo todo; al menos 16... hasta la propia vida. Duele hasta la médula, pero no es exactamente una sorpresa. Solo en la temporada de incendios 2024-2025 se registraron en todo el país unos 6 271 siniestros de este tipo, que devoraron 91 674 hectáreas de tierra. En las últimas dos décadas, ha señalado la Corporación Nacional Forestal, perecieron bajo el fuego 2,3 millones de hectáreas.
Mientras los cerros son «limpiados» por las brasas, otra nube se levanta sobre el mismo cielo. En el Gran Concepción, específicamente en la comuna de Penco, existen tierras raras.
La compañía minera extranjera Aclara ha anunciado con insistencia su proyecto de liderar la extracción de estos recursos en la zona. De acuerdo con un reporte del medio local Radio Bío Bío, del pasado 13 de enero, la empresa dijo confiar en que, con la llegada a La Moneda del recién electo presidente, José Antonio Kast, se tramitarán más ágilmente los permisos pertinentes para comenzar sus operaciones.
En el instante que corre, no hay certezas de mucho, solo del fuego que arrasa con los pinos y las casas que están sobre una tierra que vale mucho.













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