Los delirios de la Casa Blanca por el petróleo y otros recursos venezolanos parecen ya no encontrar camuflaje suficiente. La supuesta guerra contra el narcotráfico es una máscara que desde hace rato está en el suelo. Sin embargo, el performance de la agresión recorre ya su semana 25 y una tras otra se revelan sus intenciones hegemónicas.
No bastándole con robar recientemente un importantísimo activo del patrimonio energético de la nación sudamericana, como lo es Citgo –usando para ello mecanismos judiciales fraudulentos– ni con capturar la pasada semana un buque de petróleo venezolano en el mar Caribe, ayer el presidente de EE. UU., Donald Trump, anunció en Truth Social que ordenaba «el bloqueo total y completo de todos los petroleros sancionados que entran y salen de Venezuela».
Esa nación «está completamente rodeada por la Armada más grande jamás reunida en la historia de Sudamérica», dijo el mandatario del país norteño, y continuó el chantaje: «solo crecerá, y el impacto para ellos será como nada que hayan visto antes, hasta que devuelvan a EE. UU. todo el petróleo, la tierra y otros activos que nos robaron previamente».
Se trata, enfatizó el Gobierno Bolivariano en un comunicado, de una «grotesca, temeraria y grave amenaza» contra la integridad y los derechos soberanos de la República, que viola el Derecho Internacional, el libre comercio y la libre navegabilidad.
Asume el republicano que el petróleo, las tierras y riquezas mineras de la patria bolivariana «son de su propiedad», afirma el documento, a la par que remarca, como verdadera aspiración de
Washington, la usurpación de esos recursos a través de «gigantescas campañas de mentiras y manipulaciones».
Arremetió también el presidente contra los migrantes –otro de sus caprichos de moda– al asegurar que «los extranjeros y criminales que el régimen de Maduro ha enviado a EE. UU. durante la débil e inepta administración Biden, están siendo devueltos a un ritmo rápido». Muestra inequívoca de que la guerra sicológica imperialista pretende rendir a la fuerza decisora venezolana, el pueblo.
Por otra parte, recordemos que la cabeza del presidente venezolano, Nicolás Maduro, tiene hoy un precio de 50 millones de dólares, pues ha sido acusado de liderar el inexistente Cartel de los Soles.
Así, la escalada en la presión para desestabilizar al pueblo comprende, además de calumnias y agresiones militares, piratería marítima, porque aérea, ya ha tenido anteriormente. Lo dejó claro la jefa de Gabinete de Trump, Susie Wiles, en una entrevista con Vanity Fair: «quiere seguir volando barcos hasta que Maduro se rinda».
Estas acciones forman parte de la estrategia de cambio de régimen necesaria para, no solo doblegar a Venezuela, sino también a las naciones del área que se oponen a su ilegal intervencionismo y defienden la soberanía y la autodeterminación como banderas.















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