ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Las nuevas tesis de la izquierda deben repensarse para una sociedad cada vez más expuesta a los medios de (des)información, las fake news y las redes sociales. Foto: Obra de Michel Moro

En la madrugada del 6 de diciembre de 2025, grupos de personas empezaron a caminar hacia hoteles de La Habana y de otras ciudades cubanas. El rumor era muy concreto: se repartirían 1 100 dólares por persona en las instalaciones del turismo en el país, a partir de las ocho de la mañana y lo harían «equipos con pullovers amarillos». El mensaje había nacido en el perfil de Facebook de un lunático célebre por difundir falsedades sobre Cuba desde España. La mentira se propagó con rapidez por WhatsApp.

No es un caso aislado, ni trivial. Desde que las redes sociales se popularizaron, hay un patrón bien documentado de rumores falsos o manipulados que saltan de la pantalla a la calle y terminan en disturbios, agresiones e incluso asesinatos.

En la India, entre 2017 y 2018, una oleada de mensajes de WhatsApp alertaba sobre supuestas bandas de secuestradores de niños y traficantes de órganos. Videos reales sacados de contexto se reenviaban una y otra vez, acompañados de textos alarmistas que advertían acerca de «extraños que roban niños» en tal o cual pueblo. No había pruebas, pero el miedo fue suficiente: 23 personas fueron linchadas por multitudes en distintos estados del país, según recuentos de prensa y organizaciones de derechos humanos.

Algo parecido ocurrió en Costa Rica en agosto de 2018. Días antes de una protesta contra los inmigrantes en el Parque La Merced, en San José, comenzaron a circular en Facebook y otras redes mensajes y montajes que acusaban a refugiados nicaragüenses de quemar banderas costarricenses, de recibir ayudas especiales y de protagonizar actos violentos que nunca se demostraron. Informes posteriores identificaron esas publicaciones falsas como un factor clave en la escalada xenófoba.

En Sri Lanka, en 2018, los rumores antimusulmanes amplificados en Facebook –incluyendo teorías conspirativas sobre complots para «esterilizar» a la mayoría budista– alimentaron disturbios en Ampara y en el distrito de Kandy: mezquitas y comercios fueron incendiados, varias personas murieron; y el Gobierno declaró el estado de emergencia.

Meta, propietaria de Facebook, declara en sus Normas Comunitarias que puede eliminar «desinformación o rumores no verificables que sus socios expertos determinen que probablemente contribuyan directamente a un riesgo de violencia o daño físico inminente». En teoría, cuando un contenido falso puede provocar agresiones, disturbios o interferir en procesos electorales, se retira. En la práctica, el volumen es tan grande y los contextos locales son tan complejos que muchos mensajes peligrosos pasan horas o días circulando antes de ser moderados.

Por eso, la ciudadanía no debería ser un espectador pasivo. Ante un mensaje como el de la supuesta ayuda de 1 100 dólares en los hoteles cubanos, el primer paso es la duda: ¿quién lo firma?, ¿lo recoge algún medio público?, ¿lo confirman fuentes oficiales?

El segundo paso es romper la cadena. Pensar dos veces antes de compartir, y no reenviar, «por si acaso», es una forma muy efectiva de protección colectiva. El tercero es usar las herramientas de denuncia de las propias plataformas. En Facebook, se puede ir a los tres puntos que aparecen en la esquina superior del post, seleccionar «Reportar publicación» y elegir opciones como «fraude o información falsa» o «compartir información falsa»; estos reportes alimentan los sistemas de moderación y pueden hacer que el contenido se revise y se marque como falso o se elimine.

Cuando muchas personas señalan el mismo bulo, aumentan las posibilidades de que entren en juego los verificadores independientes con los que trabaja la empresa.

Por último, es importante hablar del tema fuera de la pantalla: en el barrio, en la familia, en el trabajo. Explicar a otros cómo funcionan estos engaños, poner ejemplos concretos como los linchamientos en la India, las protestas xenófobas en Costa Rica o el intento del lunático español de manipular a los cubanos, ayuda a que más gente reconozca las señales de alarma.

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3G dijo:

1

12 de diciembre de 2025

06:16:26


Y en definitiva ? qué pasó aquí? Cómo terminó el asunto?Volvemos a caer en el mismo error de noticias a medias que dan por a más especulaciones.