Las contradicciones, tal y como lo han demostrado los hechos, parecen ser una característica de la administración que hoy ocupa el Despacho Oval.
En una semana, la Administración Federal de Aviación de ee. uu. recomendó «extrema precaución» a las aerolíneas que operan en Venezuela, debido a un supuesto deterioro de la seguridad y el aumento de la actividad militar.
Luego, el inquilino de ese sitio informó el cierre total del espacio aéreo sobre y alrededor de la nación sudamericana y suspendió, a la par, los vuelos de repatriación que, como parte del Plan Vuelta a la Patria, ha permitido el retorno de más de 13 000 migrantes venezolanos desde febrero del año en curso. Ambas medidas fueron tomadas unilateralmente.
En contraposición a esa «orden», este martes Washington solicitó la reanudación de los vuelos de repatriación, ante lo cual el Presidente Nicolás Maduro autorizó el ingreso de las aeronaves operadas por la empresa Eastern Airlines llc, en la ruta Phoenix, Arizona- Maiquetía, como de manera semanal ha venido ocurriendo cada miércoles y viernes, tras el acuerdo suscrito entre el Gobierno bolivariano y la Casa Blanca, así lo dio a conocer la Autoridad Aeronáutica de Venezuela.
Bajo el pretexto de una lucha contra el narcotráfico –que ya no camufla los verdaderos objetivos de la escalada belicista– ee. uu. hace uso de la fuerza contra un país sobre el que se ha demostrado, que no representa una ruta significativa hacia la nación norteña, pues solo un 5 % de las drogas que circulan en la región pasan por territorio venezolano.
Sobre esas acciones, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, aseguró en x que resulta «inaceptable la injerencia, las amenazas y la agresión militar que prepara ee. uu. contra Venezuela para derrocar a su legítimo Gobierno. La política de las cañoneras y la desprestigiada Doctrina Monroe –aseveró– son parte del pasado neocolonial. América Latina y el Caribe es Zona de Paz».
Se sabe, el aislamiento internacional es una conocida herramienta de la política exterior de ee. uu., como ha quedado reflejado en esas medidas. Sin embargo, la actividad aeronáutica en Venezuela no se ha detenido, pues las aerolíneas internacionales Copa Airlines (Panamá), Wingo (Colombia), Boliviana de Aviación (BoA) y Aerosucre (Colombia), mantienen su actividad con la patria bolivariana. A ellas se suman la inauguración de la ruta directa entre San Petersburgo y Caracas, y los vuelos nacionales.
En ese contexto, la Casa Blanca admitió la víspera que, tras el segundo ataque militar estadounidense en el Caribe, ocurrido en el pasado mes de septiembre, se ordenó el asesinato de los civiles heridos en esa acción.
Hasta la fecha, la administración norteña no ha podido probar que las embarcaciones destruidas –más de 20 hasta hoy– ni las personas asesinadas extrajudicialmente en esos hechos –la cifra supera los 80– hayan estado directamente relacionadas con el tráfico de estupefacientes, lo que ratifica ese actuar como ilegal.
Así, mientras escalan las presiones a la tierra bolivariana, la política exterior estadounidense sigue mostrando sus caras, harto conocidas por América Latina: agresiones, falsas banderas, daños al pueblo, aumento de las medidas coercitivas unilaterales y extraterritoriales…















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