Venezuela parece signada por la Providencia para desempeñar un papel esencial en la resistencia al yugo extranjero. De nuevo tiene ante sí, la tierra de Bolívar y Chávez, la posibilidad de encabezar la lucha por la soberanía de América Latina y el Caribe.
Mucho está en juego. Si el enemigo comete el error de pisar tierra de libertadores, se encontrará de nuevo con las armas de Bolívar, las que vencieron en Boyacá
(7 de agosto de 1819), Carabobo (24 de junio de 1821), Pichincha (24 de mayo de 1822), Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824).
Recordemos que, durante las guerras de independencia hispanoamericana, los libertadores se enfrentaron a uno de los imperios más poderosos de su tiempo, a un ejército bien entrenado, con experiencia de combate.
El esfuerzo militar, dirigido estratégicamente por El Libertador Simón Bolívar, logró derrotar a un poder realista total que, sumando todas sus campañas, fácilmente superaba los 15 000 hombres entrenados, lo que constituía la espina dorsal del poder militar español en el norte de Sudamérica y el Perú.
Por otro lado, comprendió desde muy pronto que la independencia no se ganaría solo en tierra firme, y creó una fuerza naval que llegó a ser una pesadilla logística y sicológica para la Corona española.
Esta armada no fue una marina tradicional con grandes acorazados, sino una flota audaz y heterogénea que dominó la guerra de corsos y el bloqueo de las costas realistas.
Nacido en Curazao, Luis Brión fue un comerciante acaudalado que dedicó su fortuna y su vida a la causa independentista. Fue nombrado Almirante de la Armada de la Gran Colombia, y fue el cerebro y organizador principal de la flota.
Mientras Bolívar luchaba en el sur, la armada argentina al mando del almirante irlandés William Brown llevó la guerra directamente a las costas de España. Incluso, llegó a bloquear el puerto de Cádiz, uno de los más importantes de España, y atacó y hostigó la costa, incluyendo las Islas Canarias.
Esta campaña obligó a España a destinar vigías y defensas costeras para protegerse de los corsarios americanos. Nada temían más las coronas europeas que divisar en el horizonte «las velas de Bolívar».
Un hecho simbólico fue cuando la fragata española Numancia, una de las más poderosas en la región, fue capturada y pasó a engrosar la flota patriota.
Bolívar no solo creó fuerzas navales, sino que entendió la guerra marítima como un elemento estratégico vital. Su «armada» fue una fuerza irregular, ágil y letal que interrumpió el comercio y las finanzas españolas y aisló a los ejércitos realistas en América, impidiendo que recibieran refuerzos y suministros.
Y no menos importante, extendió el conflicto hasta las costas de Europa, generando una sicosis de inseguridad y demostrando que la guerra no era solo un problema colonial lejano, sino una amenaza directa para la metrópoli.
Fue, en esencia, el brazo naval de la estrategia libertadora de Bolívar, y un factor indispensable sin el cual las victorias finales en tierra firme no habrían sido posibles.















COMENTAR
Responder comentario