ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: RTVE

Fiesta para los ilusos. Las redes explotaban. Trump –¿emperador? ¿dueño del mundo?–  daba a conocer su «Plan de paz para Gaza», con ultimátum incluido y otras amenazas.

Que sea una propuesta que venga precisamente de un mandatario involucrado hasta el cuello en el genocidio que Israel comete en Gaza, se hace más incrédulo, fundamentalmente en cuanto a buscar la paz definitiva.

Es bastante difícil de creer, porque se trata del mismo presidente que ha vetado siete veces, en igual cantidad de reuniones del Consejo de Seguridad de la onu, los proyectos de resolución para que se hiciera un alto al fuego.  

Y qué decir del Trump que facilita armas de las más sofisticadas, para que Israel las use en su masacre contra la población palestina. O que apoye al Gobierno que no permite la entrada de ayuda humanitaria para los cientos de miles que padecen hambre.

Recordemos que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, fue condenado por la Corte Internacional de Justicia, por el genocidio que comete en Gaza, y que el republicano de la nación norteña, en vez de apoyar la acción legal contra un verdadero criminal, arremetió contra ese Tribunal y sus miembros, y aseguró que al acusado no le pasaría nada.     

Solo las administraciones estadounidenses –Trump en este caso– podrían obligar al premier sionista y a su equipo a poner fin a la masacre. Y la fórmula única pasa por suspenderle las armas y el dinero que le aportan, y también el apoyo diplomático que no admite ninguna resolución que sancione a Israel o que lo obligue a un alto al fuego.

Quizá por estos elementos que exponen cuán involucrado está Trump en el genocidio israelí, es porque en muchos escenarios haya incertidumbre sobre el alcance verdadero del Plan, lleno de interrogantes y omisiones.

Debe ser plausible todo lo que contenga la obligatoriedad de un cese al fuego por ambas partes, la liberación de los rehenes israelíes y también la de los presos palestinos en cárceles sionistas.

El primer punto del documento elaborado por el gobernante estadounidense, de por sí, es cuestionable. Decir que Gaza debe ser una zona libre de terrorismo es un calificativo dirigido al Movimiento Hamas.

Otro increíble ejemplo de lo presentado por el mandatario estadounidense, el Punto 9, parece más una obra de humor negro que un deseo de paz.

Dice el texto que Gaza será administrada por un comité tecnocrático supervisado por una «Junta de la Paz» internacional presidida por el propio Trump, y que incluirá al exprimer ministro británico Tony Blair, y posteriormente, una Autoridad Palestina «reformada» tomará el control.

Trump presidiendo la Junta de la Paz, y junto a él, Tony Blair, es una idea que solo puede surgir de su pensamiento fundamentalista.

Aunque se ha publicado que el Plan, ahora presentado por Trump, fue aceptado por la Autoridad Nacional Palestina, en la propia aprobación se dice que servirá para trabajar en función de «alcanzar un acuerdo integral que incluya allanar el camino hacia la paz justa, basado en una solución de dos Estados, el palestino y el israelí».

De todas formas, no se conoce, al menos mediáticamente, la aprobación o no por las demás facciones que componen el movimiento palestino y su resistencia.

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