Difícil imaginar un cuadro más desalentador: 82 expedicionarios que desembarcan por una de las zonas costeras más inhóspitas de Cuba. Un yate de paseo
–diseñado para un grupo pequeño de exclusivos tripulantes–, cargado hasta lo impensable, también con armas. Difícil trayecto hasta los cañaverales. Cansancio, agobio y luego la sangrienta sorpresa del enemigo en Alegría de Pío.
Aquel grupo, organizado meticulosamente por Fidel, sufría en sus primeras horas en Cuba durísimos golpes. Muertos unos, otros desperdigados y posteriormente asesinados por las tropas de la dictadura, y el milagroso peregrinar de varios días de los pequeñísimos grupos restantes, entre los cuales estaban los hombres que conformaron el núcleo esencial de aquella Revolución triunfante, dos años más tarde.
Sorprende, sin embargo, que muy poco tiempo después de aquel vibrante encuentro en Cinco Palmas, maltrechos y hambrientos aún, Fidel indicara traer a un periodista de The New York Times.
En las precarias condiciones de la guerrilla, pocos hombres, pocas armas y la situación sazonada al extremo con la reciente traición de Eutimio Guerra, podría resultar «incomprensible» la prioridad otorgada a esa reunión con Herbert Matthews.
El conocido resultado de aquella fabulosa entrevista, y su formidable repercusión en la prensa hegemónica de aquellos días, demostraron la incipiente genialidad comunicacional del joven líder de la Revolución Cubana, y la prioridad que, a partir de ese momento otorgaría a su relación con los medios internacionales de prensa, particularmente los estadounidenses.
Hasta sus últimos días de vida política, Fidel nunca abandonaría la tarea. A punta de lápiz llevaba y marcaba los principales hitos de la cobertura contra Cuba, los ratings de audiencia de cada canal principal de Estados Unidos, la popularidad de sus más importantes periodistas y presentadores.
Siempre entendió Fidel que los mecanismos de dominación imperialistas tenían un brazo informativo, hoy más fortalecido con la expansión de las redes sociales, que les permitía convencer e influir sobre las supuestas superioridades del sistema capitalista, y funcionar al mismo tiempo como mecanismo normalizador de las horrendas barbaries que no solo con Cuba cometió Estados Unidos.
Su relación con comunicadores y líderes de opinión de Estados Unidos no solamente se limitó a los medios de prensa. Acogió y reconoció en Cuba a celebridades afiliadas a la maquinaria propagandística cultural del imperio, y a algunos de ellos los convirtió en testigos presenciales de la nobleza de la obra cubana.
Por años observamos el desfile de famosos, esta vez, no atraídos por los casinos. Llegaron hasta aquí Jack Nicholson, Sean Penn, Robert Redford, Robert de Niro, Steven Spilberg, Oliver Stone, entre otros, a profesar respeto a la pequeña Isla rebelde y a su líder.
Ver hace pocos días al presidente Díaz-Canel seguir esa tradición con un fraterno encuentro con el actor Kevin Costner, no puede menos que demostrarnos que la lección ha sido aprendida. Pero mucho nos queda por hacer aún.
El Coloquio Patria reunió en su seno a importantes estudiosos y prácticos de la comunicación antihegemónica, en tiempos del monólogo de Donald Trump.
Percibí un lógico sentimiento, bien arraigado, de rechazo y repudio a los medios corporativos y a esa Gran Prensa, que no es nueva, y que mucho daño le hizo y le hará a Cuba, mientras persistamos en nuestros deseos de libertad.
No podemos darnos el lujo de ignorarla. Siguiendo los escritos de Fidel, habrá que seguir interactuando con todo lo que provenga de allí. ¿Esperar oportunidades?, no, nunca nos darán oportunidades. ¿Esperó Fidel alguna vez alguna oportunidad?, no, arrebató las oportunidades con su genio y su sapiencia, jugó en los códigos de ellos. Estudió lo que les interesa y lo que los mueve, por momentos trivial y hasta sórdido, para explicar a los estadounidenses, en su idioma, la pequeña Cuba.
De esa manera realizó entrevistas memorables que los enemigos de la Revolución odiaron y odian.
No les interesaba a los gobernantes estadounidenses la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina, pero hasta allá se llevó a la presentadora estadounidense Andrea Mitchel, exclusiva figura de la cadena de noticias nbc News, y antes de responderle su batería interminable de preguntas, le mostró la obra a ella y a sus connacionales.
Lideró la batalla por el regreso de Elián a Cuba, junto a su familia, manteniendo a raya a un ejército de comunicadores que le perseguían a cada paso y desde el silencio reconocían su estirpe.
Fidel ya no está físicamente. Pero ello no puede ser una justificación, debe ser acicate para tratar nosotros todos de estar a su altura. Nos dejó todo escrito. La joven generación cubana tiene que ser capaz de mantener la imagen ganada internacionalmente por la Revolución Cubana, a pesar de la maquinaria de odio pagada a la que se enfrenta.
Como en la guerra, en lo mediático Cuba nunca debe dejar de ser la «lancha rápida» que dispara desde la velocidad. Nunca debe dejar de ser el pequeño grupo que «muerde y huye», porque la batalla será siempre asimétrica, cada vez más asimétrica.
Las fortalezas ganadas por la Revolución, con el paso de los años no nos pueden hacer sentir un acorazado en vez de lancha. Ahí perderíamos la batalla, porque de acorazados grandes y apertrechados está repleto ese mundo mediático en el que nos vemos obligados a sobrevivir.
Telesur y Al Mayadeen, entre otros medios establecidos a fuerza de tesón y trabajo, son nuestros espacios particulares para decir lo nuestro. Pero no podemos renunciar al trabajo con la Gran Prensa. Le haríamos a ellos y a nuestros principales enemigos la labor más fácil; a ese mismo enemigo que hoy se retuerce ante la foto del presidente cubano junto al actor de cine estadounidense protagonista de Trece días.
La profundización y el perfeccionamiento de la labor comunicacional inherente a nuestra sociedad transparente y justa, no debe limitarse a nuestras propias estructuras de difusión mediática. Debemos seguir interactuando con los que no nos quieren, diremos allí lo que les molesta oír, y lo diremos, con nuestras mejores voces.















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