
Isla de Margarita, Venezuela.–«Brujos», «paramilitares», «invasores»… ¿Quiénes eran aquellos cubanos que en una noche de octubre de 2003 llegaron al barrio Raúl Leone, en el estado de Bolívar? El pueblo de esa paupérrima comunidad debatía teorías diversas sobre la razón real por la que habían venido desde un país lejano hasta ese confín casi olvidado de la geografía venezolana.
El jefe de los malandros (delincuente popular) de la zona, quien aun desconfiando les permitió entrar, fue a atenderse inmediatamente con ellos en el local adaptado como consultorio que, sin perder tiempo, montaron los cubanos. Luego corroboró el diagnóstico en una clínica popular, y les hizo una visita.
«Ustedes no son brujos, vale. Son médicos de verdad», les dijo. Las puertas del barrio Raúl Leone han estado, desde entonces, abiertas para los cubanos, quienes se ganaron la confianza y el respeto de un pueblo «arrecho».
Esa fue la primera experiencia de la doctora María Yaquelín Hernández, cuando iniciaba la Misión Barrio Adentro. A la par, otras tareas internacionalistas comenzaban a llevarse a cabo como parte del Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, entre ellas la Misión Robinson, en la cual trabajaba, de conjunto con los cubanos, la joven María Josefa Betancourt (Chichí).
Era una humilde educadora, en quien la doctora María Yaquelín vio «mucha aptitud para la Medicina, y cuando hubo la posibilidad de formar especialistas de la Salud en Venezuela, le dije: “Bueno, Chichí, te toca ser médico en tu país, profeta en tu tierra”. Llenamos juntas las planillas y, cuando las aprobaron, los cubanos les dimos las clases de pre y posgrado, hasta que ella y su esposo se graduaron, tras seis años de estudio».
Esa es una experiencia que marcó a la doctora, y que hoy, a sus 62 años, recuerda como su más «gigante» granito de arena aportado a la construcción de la Salud Pública venezolana. Formar el relevo fue una de las tareas que le encomendó el Comandante en Jefe a su contingente, en la despedida, allá por 2003. Ella no lo olvidó, y su empeño en «cumplirle» al líder de la Revolución Cubana dio como fruto dos médicos convencidos de que la grandeza también está en obrar –desde el anonimato de las batas blancas– por el bien colectivo.
Por estos días, con orgullo, María Yaquelín cuenta esas y otras anécdotas a los jóvenes que arriban a Isla de Margarita, en el venezolano estado de Nueva Esparta, donde ella cumple, por tercera ocasión, la labor de médico de comunidad.
Mientras salva vidas, con ojo atento busca el relevo.















COMENTAR
Roxana dijo:
1
30 de diciembre de 2024
20:59:48
Responder comentario