«Y la cuerda, ¿quién la pone?» Algo así refirió, recientemente, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, cuando en una conferencia de prensa en Kazajistán, en la que se le preguntó por el rol que desempeña Europa en la actual guerra en Ucrania, expresó: «Ha sido empujada casi hasta el suelo, ha dejado de existir como centro político independiente y soberano de la política mundial.
«Muchos países europeos cumplen todos los deseos de Estados Unidos, incluso en su propio detrimento», agregó.
Puso el ejemplo de los altos precios de la energía que hoy paga Europa por unirse a Washington en sus sanciones contra Rusia.
Por tal razón, «empresas enteras, industrias enteras están cerrando en Alemania y otros países, y trasladándose hacia Estados Unidos».
Y ejemplificó: «La impresión es que, si se les dice (a los europeos): “Te vamos a ahorcar”, tendrán una pregunta: «¿Traemos la cuerda o nos la dan ustedes?», sostuvo el Presidente ruso.
Es necesario recordar aquellos destellos que dio la constitución de la Unión Europea, en un proceso que llevó varias décadas, hasta 1993, cuando se firmó el Tratado de Maastricht. Varios de los objetivos planteados entonces quedaron como cuentas pendientes, en tanto la subordinación a Washington ha convertido en frustración muchos anhelos de los pueblos del Viejo Continente.
La necesaria y plausible iniciativa de una Unión Europea fuerte, independiente y consecuente con sus elementos fundacionales, fue dando paso, con el empuje de algunos de sus funcionarios y gobiernos, a plegarse al dictado estadounidense.
Por ejemplo, según un análisis del sitio Russia Today, un invierno más frío que los anteriores, el estancamiento del suministro de gnl de EE. UU., el fin del contrato para el último gasoducto ruso en activo, y una producción eólica disminuida son factores que contribuyen al alza acumulada del 55 % del precio del gas en 2024.
En 2022, las élites europeas afirmaron que era posible suplir el gnl ruso por el estadounidense. Casi tres años después, la afirmación sigue siendo una quimera; y la reducción esporádica del flujo de otras fuentes añade subidas de precios y más incertidumbre.
«Es imposible que EE. UU. ponga en el mercado 130 millones de toneladas métricas por año, de 2025 a 2027. Eso son 186 billones de metros cúbicos al año más de gnl, lo que equivale a la mitad de la demanda total de gas de la UE», explica el ingeniero y consultor Fernando Rodríguez. A su juicio, ni siquiera una aprobación de Donald Trump a las autorizaciones paralizadas podrá revertir la situación.
«Las empresas estadounidenses solo invertirán en nuevos proyectos de extracción y licuefacción si el precio de exportación del gnl ofrece una rentabilidad suficiente. Pero la situación no es esa ni parece que vaya a serlo en un futuro», afirmó en X, y subrayó que EE. UU. solo ha podido suministrar a la UE un tercio del aporte ruso, y a un precio «muy superior».
Por tanto, es tan real la crisis como la subordinación, dos aristas de un mismo problema que requiere una solución europea, sin que haya que preguntarse quién pone la cuerda.















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