La Cumbre del Grupo de las 20 economías mayores del mundo, que culminó este martes en Río de Janeiro, Brasil, no resultó la excepción, y más cuando algún que otro bufón quiso sobresalir con acostumbradas expresiones alejadas de toda seriedad y respeto para los presentes.
Varias han sido las definiciones sobre el cónclave y una de ellas es la valoración del canciller ruso, Serguéi Lavrov, calificándola de «positiva», en la cual Occidente no pudo «ucranizar» la agenda de la misma.
Muy acertados se consideran los debates sobre los derechos de las minorías y de las mujeres.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anfitrión del evento, pidió a los países del Grupo de los 20 (G20) que asuman su «responsabilidad histórica» en el calentamiento global, antes de dar lecciones al resto de los países.
La Declaración final del G20 incluyó una de las principales propuestas brasileñas, de establecer el compromiso de aumentar los impuestos a los millonarios.
Como en otras cumbres y en otros documentos, en la de Brasil muchos de los temas más candentes que sufre el mundo de hoy, no pasaron de tenues referencias y llamados que ojalá no sean desoídos.
En ese contexto, el mandatario argentino, tratando de «robarse el show», en su afán negacionista, calificó como un error «intentar resolver el hambre y la pobreza» con mayor intervención del Estado.
Su discurso, de corte neoliberal, solo fue aplaudido por el resto de la delegación argentina.
Cual payaso de quinta, buscó la única fórmula de que dispone a la hora de sobresalir, y unas cuantas horas antes de la aprobación de la Declaración final del G20, posteó en su cuenta de x (antiguo Twitter) la frase: «a los zurdos y comunistas, mejor tenerlos lejos».
Para nada podía resultar apropiada la verborrea salida de quien se supone, aunque fuera su primera vez en estas lides, debía guardar compostura y respeto.
Y algo logró, hay que reconocerlo: el contenido de la Cumbre, el valor de los debates y acuerdos, ha pasado a un segundo plano informativo, desplazado por las alusiones al excéntrico mandatario.
En cuanto al presidente estadounidense, Joe Biden, máximo responsable de que en Gaza se cometa un genocidio que él pudiera terminar, negando más armas, dinero y más apoyo político al Gobierno sionista de Israel, hay que decir que pasó inadvertido y se comenta que ni aparece en la foto final de la Cumbre, la que siempre deja constancia de su realización, aunque poco o nada aporte al presente y al futuro de la humanidad.















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