El injerencismo y los intentos de golpes de Estado se han vuelto un denominador común en América Latina como modus operandi de los planes desestabilizadores –dirigidos desde el extranjero– de naciones progresistas, que sabemos que constituyen las piedras en el zapato de los gobiernos de Estados Unidos.
Tal es el caso, más reciente, en Honduras.
El pasado jueves, la presidenta hondureña, Xiomara Castro de Zelaya, denunció el injerencismo e intervencionismo por parte de la embajada estadounidense y de otros representantes, en la política del Gobierno de su país.
Ese comportamiento la mandataria lo calificó como intolerable, al tiempo que argumentó, por medio de un mensaje en la red social X, que «agreden, desconocen y violan impunemente los principios y prácticas del Derecho internacional, que promueven el respeto a la soberanía y autodeterminación de los pueblos, la no intervención y la paz universal».
Castro de Zelaya le dijo a su pueblo «que se está fraguando un plan contra nuestro gobierno. Ayer atacaron al jefe de las Fuerzas Armadas y al ministro de Defensa en nuestro país», y afirmó que tales hechos «no se pueden permitir porque debilitan a la institucionalidad de las Fuerzas Armadas».
En este sentido, el Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, instó, en la red social X a que cese la intromisión en los asuntos internos del país centroamericano. «Todo nuestro apoyo y solidaridad a la presidenta Xiomara Castro, a su Gobierno y al pueblo hondureño ante los ataques a la soberanía de Honduras y de Nuestra América», subrayó Díaz-Canel.
Los hechos suceden luego de las declaraciones de la embajadora de ee. uu. en Honduras, Laura Dogu, acerca de la visita reciente a Venezuela del secretario de Defensa hondureño, Manuel Zelaya, y del jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Roosevelt Hernández, quienes se reunieron con el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López.
Dogu acusó al Ministro bolivariano de «narcotraficante», lo que fue respondido al instante por Castro con la medida de poner fin al tratado de extradición con Estados Unidos, con el objetivo de proteger su soberanía.
La gravedad de las acciones llevó a Xiomara Castro a recordarle a su pueblo que no es la primera vez que Honduras sufre un golpe de Estado, pues, en 2009, en el mandato de Manuel Zelaya, el país fue víctima de un plan orquestado por Washington y por la oligarquía hondureña.















COMENTAR
Responder comentario