El fracaso en proporcionar «una solución única o una resolución» que garantice el establecimiento del Estado palestino centró el más reciente reclamo del presidente de Palestina, Mahmoud Abbás, ante las Naciones Unidas.
En su denuncia, Abbás «obligó» al mundo, otra vez, a escuchar sobre el ensañamiento israelí contra el pueblo palestino, un genocidio comparado con «limpieza étnica» y como resultado de 75 años de ocupación, cuya huella más dolorosa son los cuerpos de más de 40 000 palestinos muertos, miles de capturados y torturados, y altas cantidades de desnutridos y fallecidos por hambre.
A Israel ya no le basta con la sangre de Gaza, sino que ha buscado extender el conflicto hacia las fronteras de parte del Medio Oriente, hasta las cercanías con el Líbano, Siria, Yemen e Irán, con lo que enciende la alerta de un eventual escalamiento.
A estas alturas, cuando faltan menos de dos meses para que vuelva a ser octubre, da tanta pena el respaldo político y armamentístico a Israel por parte del Gobierno estadounidense, que se dice defensor de la democracia y de la paz mundial, como la inacción internacional ante la barbarie.
En cuanto a EE. UU., potencia que en algún momento abordó la posibilidad de un cese al fuego, ahora aprobó por más de 20 000 millones de dólares en posibles ventas de armas a Israel, según un anuncio del Departamento de Estado.
La Agencia de Cooperación para la Seguridad de la Defensa detalla que el negocio –porque toda guerra tiene un trasfondo en dinero– se sustenta en hasta 50 aviones de combate f-15, 30 misiles aire-aire avanzados de mediano alcance, cartuchos para tanques de 120 milímetros y morteros de alto poder explosivo, y vehículos tácticos medianos. Así no se termina ningún conflicto, ¿o sí?
En tanto, Washington seguirá actuando como un «mediador» –que lo único que hace es vetar todo tipo de solución pacífica– y la diplomacia internacional queda atrapada en una desidia que beneficia el interés israelí, de modo que este último se mantiene engreído y seguro política, económica y militarmente, como para no ceder ante ningún tipo de presión.
Esta semana, los ministros de Exteriores de Egipto y Catar recordaron al secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, lo que parecieran haber olvidado en su país: su compromiso positivo de participar con voluntad política en las negociaciones programadas para este jueves en Doha, sobre un alto el fuego en la Franja de Gaza, en las que participarán los mediadores de Israel.
Para el resto del mundo, lo mejor es mantenerse escéptico porque, si nos ponemos serios, EE. UU. no es precisamente muy famoso por cumplir sus promesas.















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