ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: www.hidro.gob.cu

Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Évora analizaron cómo han afectado los eventos climáticos extremos en el pasado y qué efectos tendrán en el futuro en el Caribe y Centroamérica.

Mediante 32 parámetros que miden el efecto de ciclones, olas de calor, lluvias torrenciales o sequías han comparado como afectarán en la región estas perturbaciones tanto en zonas que cuentan con algún tipo de protección ambiental como las que no.

Según los investigadores, estos datos muestran que las áreas protegidas estarán más expuestas a las olas de calor o los ciclones que otras zonas que no gozan de esa protección, por eso alertan de la necesidad de adaptar las estrategias de conservación a los eventos climáticos extremos que se esperan y tratar de interconectar los espacios protegidos.

A través de la historia, la región caribeña y centroamericana sufre seguías, lluvias torrenciales o huracanes con regularidad, sin embargo, en lo que va de siglo, estos eventos extremos han incrementado su intensidad y frecuencia de 2 a 3 veces. Se prevé que  esto seguirá aumentando debido a la alteración del clima que provoca la actividad humana.

«Hace medio siglo ecosistemas característicos del Caribe y Centroamérica como los manglares o el bosque seco tropical no solo mitigaban el efecto de los huracanes o las olas de calor, sino que eran capaces de recuperarse, pero con el aumento de su frecuencia e intensidad, cada vez lo tienen más complicado», explica el investigador del MNCN Miguel Bastos Araújo.

«Nuestras estimaciones apuntan a que aproximadamente el 65% de la zona estudiada sufrirá en lo que queda de siglo, al menos una sequía más intensa y prolongada en el tiempo que las sufridas hasta ahora. A eso hay que sumar el efecto de otros eventos extremos, de ahí que la situación requiera la toma de medidas lo antes posible», continúa.

Entre los 32 parámetros que se han estudiado para este trabajo se encuentra la intensidad, duración y frecuencia de las olas de calor terrestres, los huracanes, las lluvias torrenciales y las sequías. 

El zona del Caribe es una de las áreas más biodiversas del planeta, donde los manglares, ecosistemas que albergan una biodiversidad única, además de proteger a las infraestructuras costeras y a la población humana del impacto de ciclones y huracanes. Sin embargo, el aumento de la temperatura, la urbanización creciente de la costa, la cría intensiva de camarones o la contaminación por vertidos agrícolas y aguas residuales, los están poniendo en riesgo.

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