El presidente argentino Javier Milei viajará a Miami, el próximo 10 de abril, donde recibirá la distinción de Embajador Internacional de la Luz, por «su inquebrantable dedicación a difundir la libertad y su incansable esfuerzo por Israel y la comunidad global», precisa la invitación hecha por el Centro Menachem Mendel Schneerson.
No por casualidad, respecto a la masacre israelí contra el pueblo palestino, Milei ha declarado, en entrevista con la cnn, que «el Gobierno de Israel no está cometiendo ni un solo exceso en Gaza». Es decir, que para él no cuentan los más de 32 000 civiles palestinos asesinados, de ellos más de 14 000 niños.
Su ego sionista lo ha llevado a calificar al presidente colombiano, Gustavo Petro, de «asesino terrorista», por su exigencia al Gobierno de Benjamín Netanyahu a que cumpla con la reciente resolución del Consejo de Seguridad de la onu, que exige un alto el fuego.
En la propia entrevista con cnn, también lanzó oprobios contra el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a quien llamó «ignorante».
A estos despreciables ejemplos de desafuero diplomático suma otros anuncios que dicen mucho de los intereses que representa. En la agenda exterior del mandatario argentino se ha previsto una visita a Kiev, por invitación del gobernante ucraniano Volodímir Zelenski; y luego, en España, recibirá el premio Juan de Mariana, que se entrega a personas de «pensamiento liberal».
Mientras, en Argentina, donde se experimenta con este nuevo «modelo» de «democracia», Milei avanza en el despido de miles de empleados estatales.
El Presidente anunció que «van a caer 70 000 contratos» de trabajadores del Estado, en medio del drástico ajuste fiscal impulsado por el Gobierno.
Con el mandatario electo, Argentina está expuesta a un experimento político, social y económico que se está haciendo sentir en todos los aspectos de la vida nacional, y con proyección notable en los asuntos de su política exterior.
Ni en lo nefasto que está resultando hay nada original; lo más triste es el remedo que el señor Milei se ha propuesto ser, imitación de personajes que han marcado épocas oscuras para los pueblos del continente; dígase Trump, dígase Bolsonaro.















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