Unos 160 000 kilómetros cuadrados de riquezas naturales mantienen en disputa a dos naciones de América Latina. La centenaria puja territorial por el Esequibo escaló en los últimos meses de 2023, y parece agravarse a inicios de 2024.
En noviembre, los presidentes de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, y de la República Cooperativa de Guyana, Irfaan Ali, firmaron una Declaración Conjunta en la que acordaron evitar, en todas las circunstancias, las amenazas y el uso de la fuerza.
En ese histórico encuentro convinieron, además, continuar con el diálogo en el marco de la buena vecindad, la convivencia pacífica y la unidad de la región, en aras de que «América Latina y el Caribe sigan siendo una zona de paz».
Previamente, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) había dictado, mediante una disposición provisional, que ambos países «deben abstenerse de cualquier acción que pueda agravar o extender la controversia ante la Corte, o hacerla más difícil de resolver».
No obstante, otra va siendo la realidad. A mediados de diciembre, Reino Unido desplegó en Guyana su navío hms Trent; según afirmaron, como «muestra de apoyo militar y diplomático». En respuesta a esa maniobra, cerca de aguas del territorio en disputa, más de 5 600 efectivos venezolanos fueron movilizados en ejercicios militares.
Luego, para exacerbar la tensión, en su primera visita al exterior en este año, el subsecretario adjunto de Defensa de Estados Unidos para el Hemisferio Occidental, Daniel Erikson, se reunió en Georgetown con representantes del Gobierno y de las Fuerzas Armadas (GDF) guyanesas, así como de Caricom.
Un comunicado de la Embajada estadounidense en ese país argumentó que la visita de Erikson subrayó la importancia que EE. UU. otorga a la asociación bilateral de defensa y seguridad con Guyana, en apoyo a la estabilidad regional.
Al respecto, el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Yvan Gil, publicó en su cuenta de X: «Las amenazas a la estabilidad de nuestra región(...) deben ser despejadas de manera contundente. La unidad latinoamericana y caribeña es la clave para garantizar nuestra Zona de Paz, en contra de las pretensiones imperiales».
Recordemos que, en diciembre pasado, el Comando Sur realizó maniobras de vuelo en el territorio guyanés, alegando que eran compromisos y operaciones de rutina para mejorar la asociación de seguridad entre ambos países y fortalecer la cooperación regional».
En ambas ocasiones, Washington se refiere a estabilidad y cooperación regional. Pero la historia habla por sí sola: jamás han mediado en un conflicto más que para beneficiarse. Esa máscara no les esconde ya su naturaleza expansiva y de rapiña.
Estados Unidos no figuró en la firma de la Declaración entre Venezuela y Guyana, ni en la disposición de la CIJ. Su aparición en esta pugna no hace más que atizarla y amenazar la paz. Solo ven en el diferendo fronterizo binacional un perfecto pretexto para perturbar la estabilidad de la región.
No sería la primera vez que los de la Casa Blanca quieran pasar por «buenos vecinos», con el objetivo oculto de estimular la confrontación.













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