Millones de dólares en armas han recibido las fuerzas militares ucranianas para garantizar la continuidad de una guerra en la que están muriendo, a merced de los intereses hegemónicos de EE. UU., los propios ucranianos.
Si alguien duda de la veracidad de esta afirmación, solo tiene que leer la exhortación al Senado realizada, recientemente, por el presidente de EE. UU. en Washington, para que apruebe otro paquete presupuestario, esta vez de unos 105 000 millones de dólares de ayuda militar para Ucrania e Israel, de ellos más de 61 000 millones para el primero de estos países.
Biden pidió al Congreso aprobar nuevos fondos para sostener el conflicto contra Rusia, y argumentó que, si Vladímir Putin gana la guerra, «no parará».
Sin embrago, el máximo representante del imperio parece ser que es quien no se detiene ante nada. La famosa frase –atribuida a Maquiavelo, pero en verdad tomada del texto en latín Medulla theologiae moralis, del teólogo alemán Hermmann Busenbaum– «El fin justifica los medios», o como reza en el original: «Cuando el fin es lícito, también lo son los medios», parece la regla moral del poder estadounidense.
Biden llegó a decir que, si no aprobaban la propuesta, terminarían enfrentándose sobre el terreno soldados estadounidenses y rusos, amenaza tremenda para todo el que sabe lo que tal situación acarrearía para los destinos de la humanidad.
Miles de ucranianos han fallecido en la guerra de la otan y Washington contra Rusia, miles han sido sacrificados en los altares del Moloch de la destrucción, para lograr los objetivos hegemónicos de la Casa Blanca.
Miles de seres humanos mueren también en Palestina, por razones semejantes: el dinero estadounidense sufraga la maquinaria militar sionista. ¿Quién si no paga las bombas antibúnker de 907 kilogramos blu-10, que utiliza Israel; esas que sepultan a mujeres y niños bajo los escombros?
Esos artefactos se utilizaron, por ejemplo, en uno de los ataques más mortíferos contra el campo de refugiados de Jabalia, en el enclave palestino. Unas 17 177 personas han muerto en la Franja de Gaza, y alrededor de 46 000 han resultado heridas desde el inicio de la guerra.
Los aviones de carga militares C-17, estadounidenses, desde el principio de las hostilidades trasladan toneladas de armamentos a Israel. Hablamos de aproximadamente 15 000 bombas, de ellas más de 5 000 Mk82 no guiadas, más de 5 400 Mk84 de 907 kilogramos de ojiva, alrededor de mil gbu-39 de pequeño diámetro, y aproximadamente 3 000 jdam, que convierten las bombas no guiadas en armas guiadas «inteligentes», y más de 57 000 proyectiles de artillería.
Entonces, ¿quién es responsable de la masacre? ¿Quién solicita más dinero para matar? ¿Quién arma a los asesinos? ¿Cuántas víctimas inocentes más se necesitan para cumplir los «destinos» de la «gran nación» o, para ser justos, de los poderosos que la llevan al desastre?
De continuar ese rumbo, la cuarta guerra mundial no será con palos y piedras, como anuncian algunos, porque, simplemente, no habrá humanidad que lance los cantos ni empuñe los maderos.













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