No anda Cuba por el mundo de vanidosa, tampoco se regodea en sus victorias. Pero de lo que sí puede presumir es de su resistencia y de su valentía, obra de un pueblo que se ha jurado no ceder ni un ápice en sus principios. Por eso no cree en la falacia de que el bloqueo no está destinado a su sufrimiento, sino a derrocar el Gobierno, sí, Revolucionario y socialista, que libre y democráticamente ha elegido.
Esa es la razón por la cual cada día triunfa, porque derrota al imperio más poderoso en cada amanecer; porque no negocia ni sucumbe al chantaje de ceder para que esa cruel política cambie. Lleva en su pecho la convicción de que morir por la Patria es vivir.
Claro que sufre los impactos de quien persigue asfixiarla económicamente, de quien cercena los derechos de terceros en el desmedido afán de matar. Sin embargo, está de pie, crea con sus propios esfuerzos, porque lo que no sabe el bloqueador, otra vez derrotado por KO internacional en la ONU, es que su hostilidad ha hecho más fuerte a un pequeño pueblo que ha alcanzado una gigantesca estatura moral.
Con bloqueo ha vivido el 80 % de la población cubana desde que nació, pero sus mujeres y sus hombres, pese a ese genocida cerco, han convertido a su Isla en una potencia en la educación, en la salud, en el deporte, en la justicia social y en la solidaridad. Por eso se apareció un magnate presidente a apretar la tuerca bloqueadora, para recrudecerla cuando el mundo agonizaba por la pandemia de la COVID-19. En ese momento el gendarme mostró todo su propósito homicida, al negarle a Cuba el oxígeno medicinal y los ventiladores pulmonares para rescatar las vidas ahogadas por la dolencia.
Pero volvió a perder, porque los científicos bloqueados hicieron las vacunas y construyeron los ventiladores, a fin de salvar lo más preciado del ser humano; los obreros recuperaron la planta de oxígeno, los médicos se desvelaron por cada latido de su gente. Entonces, llegó otro mandamás a la Casa Blanca bloqueadora, con promesas de cambio sobre la cruel política. Como no ha movido un dedo para ello, ya es otro presidente derrotado.
El mundo, por 31 años consecutivos, alzó su voz en la ONU contra el imperio, que seguirá ignorándola e irrespetándola, porque el orden multilateral no hace vinculante las grandes mayorías, como no lo hizo con el rechazo al holocausto que vive hoy, y desde hace 75 años, la sufrida Palestina.
Cuba sí anda por el mundo con la frente en alto, y no cejará en el empeño de acabar con el ignominioso bloqueo, que busca desaparecer el ejemplo de dignidad y soberanía que no encaja en la filosofía dominadora imperial, porque teme a lo que pudiera hacer la pequeña nación sin esa guerra. Sabe el imperio, y lo sabe bien, porque han hecho hasta lo imposible para doblegar la integridad de cubanas y cubanos que, sin la ilegal, injusta y arbitraria política, la Mayor de las Antillas sería también un espacio de mayores realizaciones, en lo colectivo y en lo individual.
El bloqueo persigue sostener la espuria campaña de Estado fallido; es el padre de otra absurda payasada, la de calificar a una colosal obra humanista como Estado patrocinador del terrorismo, porque la mentira es su arma; pero como sucede siempre, ella tiene patas cortas. El mundo no le cree a Estados Unidos.
La verdad es una: cada día de Cuba es una victoria.













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Renato Peña dijo:
1
4 de noviembre de 2023
11:47:00
mandy dijo:
2
5 de noviembre de 2023
12:16:46
Manuel dijo:
3
5 de noviembre de 2023
23:07:39
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