ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Miles de personas se reunieron en las calles de la capital nigerina para mostrar su apoyo a la Junta Militar. Foto: AFP

No hay país igual ni solución global sin atender las características particulares.

Incluso, como en el caso que nos ocupa, a la hora de analizar la situación de África, hay que tener muy presentes aspectos que quizá no sean similares en otro continente.

Y no son meras frases, a propósito de lo que sucede hoy en Níger, un gran país castigado, desde la época colonial, por quienes fueron allí a expoliar y robar recursos, y olvidaron a los millones de hambrientos, sin programas de Salud, sin escuelas y sin trabajo.

Padecieron años de explotación colonial, y ya la independencia es mayor de edad, con sus 63 años, desde aquel 3 de agosto de 1960, cuando se liberaron de la metrópoli francesa.

De Níger han sido extraídos, para su venta foránea, cuantiosos recursos minerales que bien pudieron ser la fuente para crear programas sociales y de desarrollo económico, en bien de sus pobladores.

Heredada de la etapa colonial, también fue estimulada la fricción entre etnias y grupos y, además, con la demarcación de fronteras totalmente artificiales en algunos casos, se alentó el cruce de un territorio a otro, y los enfrentamientos.

De igual manera, la corrupción, base de no pocos gobiernos con sistema neoliberal, afectó la estabilidad entre quienes llegaban al poder, fuese por elecciones o por golpes militares.

Pululan los casos, no solo en países de África, sino también en América Latina y en otras regiones que fueron colonias europeas, de una especie de tutelaje maligno por algún que otro gobierno o institución del Viejo Continente, que desempeñan su papel de olvidadizos, para no tener en cuenta el cambio de época y las nuevas circunstancias que deben regir la convivencia entre los pueblos.

Del reciente golpe militar en Níger, no creo que haya tenido un desenlace casual; yo diría que es más bien causal, y que la solución no debe ser nunca el enfrentamiento militar, y mucho menos la injerencia de entes externos –incluyendo fuerzas militares– que solo pueden agregar pólvora donde en realidad la paz y el entendimiento, de una y otra parte, deben ser encontrados en el diálogo, y no apretando los gatillos.

Recuérdese siempre que los únicos beneficiados de una confrontación entre africanos serían los mismos que una vez convirtieron a esos países en colonias, y saquearon sus recursos. Y ahora se puede agregar a quienes fabrican y venden armas, promotores de la guerra y de la inestabilidad.

Las sanciones que hoy sufre Níger –instrumentos muy de moda entre quienes atizan las confrontaciones– solo perjudican al pueblo nigerino, uno de los más sufridos y empobrecidos del planeta.

La preocupación por que puedan participar en el conflicto los 1 500 militares franceses asentados en Níger, y el reclutamiento de otros efectivos africanos de países miembros de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao), ponen en tensión no solo a las autoridades ahora en el poder, sino también a las propias estructuras de un país que, si algo no necesita, es verse involucrado en un conflicto militar que traspase sus fronteras.

«Ni el Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria ni el pueblo de Níger quieren la guerra y permanecen abiertos al diálogo; pero seamos claros: si se emprende un ataque contra nosotros, no será el paseo por el parque que algunas personas creen que será», advirtió Abdourahamane Tchiani, general de Brigada del Ejército nigerino y, luego del golpe militar, quien se considera Jefe de Estado.

Durante un discurso televisado, Tchiani dijo que su intención «no es confiscar el poder», y propuso una transición en tres años.

Reafirmó, de igual forma, su «disponibilidad a todo diálogo, siempre que tengan en cuenta las orientaciones deseadas por el pueblo nigerino», según reportó el diario francés Le Fígaro.

El pasado domingo, miles de personas se reunieron en las calles de la capital nigerina para mostrar su apoyo a la Junta, y corear consignas contra el bloque regional y contra Francia, en protesta por la presencia militar de la antigua metrópoli.

Los manifestantes mostraban pancartas en las que podían leerse lemas como: «Alto a la intervención militar» y «No a las sanciones», en referencia a las restricciones financieras y comerciales impuestas por la Cedeao.

Asimismo, los gobiernos de Burkina Faso y Mali aseveraron en un comunicado conjunto que cualquier intervención militar en Níger sería considerada como «una declaración de guerra» contra ambas naciones, reportó el sitio digital Sputnik.

Lo que ocurre hoy en Níger es un reto a la esperanza. Ojalá que la voluntad para un diálogo se imponga a la confrontación y la guerra, y que ni ataques ni sanciones estén por encima de la palabra paz.

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