ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Foto: Prensa Latina

Más de un centenar de personas se encuentran bajo investigación por la mayoría de edificios destruidos en Siria y en Turquía que no cumplían con los requisitos que garantizarían su resistencia a los movimientos telúricos, informó el Ministerio de Justicia Turco, citado por RT.

Un científico del Servicio Geológico de EE. UU. (USGS), David Wald, aseguró que, desde hace mucho tiempo, los edificios de la región «no fueron diseñados para resistir terremotos» y que algunos «son particularmente vulnerables».

A esto se le denomina la sismoresistencia de las construcciones.

«El área afectada por este terremoto incluía edificios más vulnerables, como tipos más antiguos de marcos de hormigón que no fueron diseñados a partir de consideraciones sísmicas para absorber tanto movimiento del suelo», añadió su colega Kishor Jaiswal.

Por otro lado, de acuerdo con la USGS, el tipo de sedimento del terreno también fue decisivo, pues el suelo de la ciudad de Nurdagi, ubicada cerca del epicentro del terremoto, está compuesto en su mayoría por sedimentos blandos y estaba lo suficientemente húmedo como para sufrir licuefacción, como se denomina a la pérdida de resistencia de los suelos.

Asimismo, la institución explicó que las violentas convulsiones del sismo provocaron que estos se comportaran más como un líquido que como un sólido. La licuefacción puede hacer que los edificios se inclinen y causar importantes daños a la infraestructura.

En concreto, indica el medio, lo sucedido tambien fue resultado de un desplazamiento de la plata tectónica arábiga con respecto a la de Anatolia, que se calcula que fue de alrededor de 3 o 4 metros, debido a que el sureste de Turquía y el noroeste de Siria se ubican sobre la unión de tres enormes placas tectónicas (la arábiga, la africana y la de Anatolia). Esa complejidad genera deformaciones que se manifiestan en fallas geológicas activas como la de Anatolia.

Este tipo de desplazamiento de la falla de Anatolia fue del tipo transcurrente ('strike-slip') y fue un factor clave en el poder destructivo. En este caso, una parte de la falla se mueve con respecto a la otra. Cuando la fuerza de fricción excede a la resistencia, la tensión acumulada, que puede ser de siglos, libera energía en forma de ondas sísmicas.

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