«La amenaza del COVID-19 persiste», advirtió esta semana en rueda de prensa el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien cifró en 10 000 el número de muertes semanales por la enfermedad y alertó sobre la probabilidad de que la cifra real sea mucho mayor.
La agencia sanitaria muestra un moderado optimismo ante el actual panorama epidemiológico que presenta «una transmisión intensa en varias partes del mundo», aunque confía en que este año termine la emergencia de salud pública.
De acuerdo a lo informado por el sitio web oficial de noticias de la ONU, Adhanom Ghebreyesus advirtió sobre la permanencia de las grandes desigualdades en el acceso a las pruebas, el tratamiento y la vacunación, mientras el COVID-19 continúa siendo un virus peligroso para la salud, la economía y la sociedad en general.
También manifestó su preocupación ante el actual panorama epidemiológico que presenta el COVID-19, «con una transmisión intensa en varias partes del mundo y una subvariante recombinante que se propaga rápidamente».
Asimismo, Tedros explicó que durante las últimas semanas aumentaron los informes sobre hospitalizaciones y se produjo una mayor presión sobre los sistemas sanitarios, especialmente en las regiones templadas del hemisferio norte, donde también circulan enfermedades respiratorias como la gripe.
Asimismo, Tedros también destacó el aumento en Europa y Estados Unidos, especialmente en el noreste del país, de una de las subvariantes de ómicron detectadas originalmente el pasado mes de octubre, la XBB.1.5.
Hasta el momento, según afirmó la epidemióloga principal de la Organización, la doctora Maria Van Kerkhove, la subvariante se ha detectado en 29 países, pero no descartó la posibilidad de que se encuentre en más naciones «ya que la secuenciación está cada vez menos disponible a nivel mundial, por lo que nos resulta difícil rastrear cada una de estas subvariantes de ómicron».













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