Más de 260 millones de personas adicionales podrían verse sumidas en la pobreza extrema en 2022 como consecuencia de la COVID-19, el aumento de las desigualdades a nivel global y el elevado crecimiento de los precios de combustibles y alimentos, todo ello exacerbado por la guerra en Ucrania, denunció Oxfam en su informe Tras la crisis, la catástrofe.
Para finales de este año, según explicó el texto, un total de 860 millones de personas podrían vivir en situación de pobreza extrema, con menos de 1,9 dólares al día. A nivel mundial, esto también se reflejaría en los niveles de hambre: el número de personas que padecen desnutrición podría alcanzar los 827 millones este año.
En esta crisis, las personas en situación de pobreza son las más perjudicadas. El precio de los alimentos supone el 17 % del gasto de los consumidores en países ricos, pero este alcanza el 40 % en el África subsahariana. Incluso en las economías ricas, la inflación está exacerbando las desigualdades: en Estados Unidos, el 20 % más pobre de las familias destina el 27 % de sus ingresos a adquirir alimentos, mientras que el 20 % más rico, tan solo el 7 %.
«Si no se toman medidas radicales e inmediatas, podríamos estar ante el mayor aumento de los niveles de la pobreza extrema y sufrimiento de la humanidad del que se tiene constancia», advierte la directora de Oxfam Internacional, Gabriela Bucher, quien además destacó que «este panorama es aún más desolador si tenemos en cuenta los billones de dólares acaparados por un puñado de hombres poderosos sin ningún interés por frenar esta escalada».
Mientras a muchas personas se les dificulta hacer frente al drástico incremento del costo de vida –teniendo que elegir entre comer o pagar facturas médicas o de gas–, la amenaza de una hambruna masiva se cierne sobre millones de personas, como lo sufren en la región de África Oriental, el Sahel, Yemen y Siria, con graves niveles de hambre y pobreza.
«Urge un nuevo orden mundial d equidad y justicia social», dijo en Twitter el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parilla.
Los análisis y estudios de Oxfam hacen un llamamiento a que se tomen medidas urgentes para abordar la crisis de desigualdad extrema que amenaza con revertir los progresos realizados en la lucha contra la pobreza durante los últimos 25 años. Un ejemplo de esto sería introducir impuestos sobre la riqueza de manera temporal tanto como recurrentes para financiar una recuperación frente a la pandemia de COVID-19 que sea justa y sostenible.
También, a cancelar los pagos de la deuda a los países en desarrollo que precisan de ayuda urgente. Además, incrementar los fondos de ayuda y destinar nuevos fondos a sufragar la respuesta en Ucrania y para la acogida de personas refugiadas, en lugar de desviar los fondos destinados a hacer frente a otras crisis en países más pobres.
Adoptar medidas para proteger a las personas frente al aumento de los precios de los alimentos y crear un fondo global de protección social podría ayudar a los países más pobres a garantizar una seguridad de ingresos básica para su población, y poder mantener estos servicios en tiempos de crisis.













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