Los gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) destituyeron recientemente al presidente de dicho organismo, Mauricio Claver-Carone, luego de que una investigación mostrara que el funcionario estadounidense tuvo una relación íntima con una subordinada.
La pesquisa realizada por la firma de abogados Davis Polk & Wardwell probó que no solo mantenía una relación amorosa no permitida con una empleada, sino que, además, le subió el sueldo varias veces.
En sus dos años como Presidente, el «egregio» personaje premió a la mujer con dos aumentos salariales. Las pruebas presentadas por la firma de abogados en su investigación, incluyen algunos mensajes bastante explícitos.
Claver-Carone fue elegido el 12 de septiembre de 2020. Acababa de cumplir el segundo de los cinco años de mandato para los que fue designado.
La mujer había sido contratada el 23 de septiembre de 2020 por un sueldo anual de 287 000 dólares. Una semana después, Claver-Carone le aumentó el salario un 20 %, o sea, hasta los 350 000 dólares, y en julio de 2021 otro 20 %, hasta 420 000 dólares.
Lo que parece increíble es que el funcionario llevaba a cabo un proyecto de reforma y modernización dentro del BID, «para aumentar la transparencia de la organización».
El currículo de Mauricio Claver-Carone señala que posee «una amplia experiencia profesional tanto en funciones de gobierno como en el área del cabildeo, desde la cual buscó influir en la formación de políticas públicas en materia internacional, con énfasis en América Latina, y en especial hacia Cuba». De esa «experiencia» hemos sido víctimas los latinoamericanos, sobre todo los cubanos y venezolanos.
Su más reciente «hazaña» fue poner en duda la aprobación de un crédito clave para Argentina, un golpe bajo que llevaba la firma indudable de su estilo cuando se trata de los países al sur del Río Bravo.
El funcionario estadounidense cuestionó la transparencia e integridad financiera del actual Gobierno de ese país, lo que se asemeja más a un ajuste de cuentas que a una opinión basada en elementos reales de juicio.
Antes de llegar al bid, Claver-Carone se «destacó» como director senior para asuntos del hemisferio occidental en el Consejo de Seguridad Nacional.
Sobre él dijo J. Williams, director ejecutivo de Engage Cuba: «Es un lanzallamas que hace que todo sea personal y político». Sin duda, acaba de demostrarlo, en lo que se refiere a lo personal, claro.
Enemigo declarado de la Revolución Cubana, artífice de la inclusión de la Isla en la espuria lista de países patrocinadores del terrorismo –medida que ha causado severos daños a la economía y al pueblo cubano–, tuvo durante el gobierno de Donald Trump un papel destacado en la política de «máxima presión» contra La Habana y Caracas.
Cabe preguntarse: ¿Estamos ante el declive de uno de los hombres de confianza del exmandatario Donald Trump y eminencia gris de la política anticubana?
Puede parecer, pero si analizamos las experiencias anteriores, relacionadas con sus adláteres en la política anticubana, este solo puede ser un mal paso en su camino. Recordemos los casos de Bob Menéndez, Ted Cruz, Marco Rubio, etc., envueltos en escándalos de todo tipo y que continúan su labor sin ningún problema.















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