Desde la segunda mitad del siglo XX un recurso para intervenir en los cambios políticos de un país, objeto de interés de los EE. UU., fue recurrir a los magnicidios. Como método de asesinato político se caracteriza por la conspiración con elementos internos que, asesorados por los aparatos de inteligencia y financiados por la potencia imperial, se disponen de manera violenta a la eliminación física de un Jefe de Estado.
Se ha utilizado desde hace mucho, incluso dentro del imperio, contra presidentes de uno y otro partido. Lincoln, Kennedy y Reagan han sido objeto de magnicidios o de su intento. Como práctica no declarada, pero que cumple objetivos intervencionistas, se utilizó para impedir el auge de los movimientos de liberación o gobiernos que llegaban al poder a través de revoluciones. Hacia 1981 fue comprobada, con datos irrefutables, la participación de la Agencia Central de Inteligencia en el derrocamiento y asesinato de presidentes o líderes revolucionarios, en diferentes partes del mundo.
- 1953: Derrocamiento del gobierno de M. Mossadegh, en Irán.
- 1954: Rebelión militar y derrocamiento del gobierno de Jacobo Árbenz, en Guatemala.
- 1958: Conspiración para asesinar a Gamal A. Nasser, presidente de Egipto.
- 1959: Asesinato de la primera ministra de Ceilán, actual Sri Lanka, S. Bandaranaike.
- 1961: Asesinato del primer ministro de la República del Congo, Patricio Lumumba.
- 1969: Asesinato del dirigente del Frente de Liberación de Mozambique, E. Mondlane.
- 1973: Asesinato del secretario general del Partido Africano de Independencia de Guinea y Cabo Verde, Amílcar Cabral.
- 1973: Golpe de Estado y asesinato del presidente de Chile, Salvador Allende.
- 1977: Asesinato del presidente de la República Popular del Congo, M. Ngouabi.
La lista sería interminable, pero en los ejemplos citados quedó demostrada la participación de la cia, que también tiene el récord negativo de más de 600 atentados contra la vida del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
En las condiciones actuales de creciente pérdida de predominio mundial del imperio, es un recurso potencialmente utilizado como salida de fuerza ante el fracaso de métodos de presión económicos, financieros o diplomáticos. Ni archivado ni olvidado, el magnicidio continúa siendo una posibilidad de intervenir en procesos de cambios sociales, a pesar del llamado golpe blando en las guerras no convencionales. Los ejemplos más recientes están en el golpe de Estado contra Evo Morales, en el caso de Bolivia, y el intento de asesinato contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, del cual se cumplen dos años.
¿Por qué el magnicidio? Porque sus víctimas, por supuesto, los que no están dentro del imperio, son personas empeñadas en construir un futuro mejor para sus pueblos, lo cual está reñido con la ambición hegemónica.
Por eso quisieron asesinar a quemarropa a la vicepresidenta argentina Cristina Fernández, por la dedicación a su país, por el bienestar de los más desposeídos. Eso es un sacrilegio para la oligarquía que, llena de impotencia y frustración ante la aceptación popular de la vicemandataria, no le bastó con un proceso igual de criminal, como la judicialización a la que es sometida. La quisieron muerta, y usaron para ello a un desclasado social con ganas de descargar su odio.















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Felo dijo:
1
5 de septiembre de 2022
08:51:04
aldo dijo:
2
5 de septiembre de 2022
09:50:01
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