El mandatario estadounidense, Joe Biden, se hace muy poco favor cuando convoca a una llamada Cumbre por la democracia, cuando su país no es referente para nadie, lo que lo descalifica en su propósito.
La invitación en sí está muy alejada de esa pretensión, cuando se hace de manera excluyente y hasta se convoca a farsantes fabricados por los gobiernos estadounidenses, como el venezolano Juan Guaidó.
A no ser que ahora se califique de «democrático» robar los activos venezolanos en bancos del exterior, pedir una intervención armada foránea contra su país o violentar todas las normas de un gobierno legítimo y autoproclamarse presidente, lo que ni es ni podrá ser nunca.
Este ejercicio mediático de convocar a esa cita, descalificada desde su nacimiento, no pasa de ser más de lo mismo dentro de un cacareado objetivo –muy lejano de la realidad– de crear la matriz de un sistema –según el imperio– paradigma de la democracia, la libertad y el respeto a los derechos humanos.
En todos estos casos, las administraciones estadounidenses están suspensas en el más elemental de los exámenes. Algunas interrogantes bastarían: ¿Es democrático invadir, bombardear y destruir países? ¿Lo es cuando se aplican criminales sanciones económicas y comerciales contra otras naciones por el solo hecho de no someterse a los designios imperiales? ¿Es democrático que cada uno de sus habitantes pueda adquirir un arma y balear a niños y jóvenes en una escuela, y que la policía mate a un ciudadano solo porque su piel es negra? ¿Cuánta democracia hay incluida en gobiernos que, como ha ocurrido en Estados Unidos y en Brasil, negaron desde un principio la gravedad de la pandemia de la COVID-19 y desatendieron su control, lo que provocó miles de muertes?
Con semejante deuda, convocar a una parte de la comunidad internacional –recordemos que Estados Unidos es especialista en hacer «listicas» donde se excluyen a todos los que no comulgan con sus criterios–, es una pifia de marca mayor en medio de una situación mundial que lo que necesita es unir fuerzas para combatir la pandemia, brindar solidaridad a esas poblaciones que ni siquiera tienen acceso a las vacunas, y emprender planes de cooperación –no de sanciones– para ayudar a los más necesitados.
Puede agregarse –para continuar descalificando tal convocatoria– lo que la mafia de Miami ha llamado «logro del senador republicano, Marco Rubio», por el hecho de que su propuesta –la de invitar a Guaidó– se hubiese tenido en cuenta por Biden.
El citado senador estadounidense de origen cubano habló, durante una audiencia del Subcomité, de Relaciones Exteriores del Senado, con Kevin O’Reilly, subsecretario de Estado adjunto para asuntos del hemisferio occidental, quien reconoció que la política oficial de Estados Unidos sigue siendo la misma, la de reconocer al gobierno representado por Juan Guaidó.
Esas afirmaciones, más que democráticas, deberían avergonzar al país anfitrión y a sus gobernantes.
Juan González, el principal asesor para Latinoamérica del Presidente estadounidense, en una rueda de prensa telemática dijo: «Obviamente Cuba no está invitada; Nicaragua no está invitada, obviamente Nicolás Maduro no lo está, pero Juan Guaidó sí…».
Los embajadores ante EE. UU., Anatolio Antonov, y, Qin Gang, de Rusia y China, respectivamente, expresaron el «rechazo firme» a la llamada Cumbre, «producto evidente de la mentalidad estadounidense de guerra fría, lo que avivará la confrontación ideológica».















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Telesforo (Deutschland) dijo:
1
7 de diciembre de 2021
08:00:07
capirucho dijo:
2
7 de diciembre de 2021
09:19:44
Alejó Arnáldo Toriza Cárdenas dijo:
3
7 de diciembre de 2021
10:27:03
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