ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Los migrantes haitianos recibieron atención médica inmediata, así como avituallamiento imprescindible. Foto: www.adelante.cu

Manos solidarias arrebataron al mar la vida de 183 migrantes haitianos a merced de las olas, sobre una pequeña e insegura embarcación de vela, de apenas 12,7 metros de largo (eslora) por 4,10 de ancho (manga) y 1,60 de puntal, y donde viajaba un número considerable de bebés y embarazadas.

Según reseñó el periódico camagüeyano Adelante, los migrantes llegaron a las playas de Cayo Cruz y, pese a la compleja situación de la COVID-19 y las reales carencias de medicamentos y alimentos, provocados en gran medida por el violento asedio financiero, económico y comercial impuesto por EE. UU. a la Mayor de las Antillas, los inesperados visitantes fueron atendidos en el centro habilitado en ese territorio.

Los haitianos se habían lanzado desesperadamente a la peligrosa travesía, y a su llegada exhibían aún el pavor en sus rostros por haber perdido todo en el último terremoto…, y la esperanza de muchos sueños para llegar a suelo estadounidense.

En Camagüey recibieron atención médica inmediata y alimentación, así como avituallamiento imprescindible: mascarillas, aseo personal, ropa y calzado, y algunos manifestaron agradecimiento a los anfitriones.

En la asistencia se presta especial cuidado a los niños y, sobre todo, a los lactantes.

El médico Aliosky Manuel-Hossi Estrada explicó que a todos se les aplicaron pruebas de antígenos para descartar la COVID-19, y se atendieron con prioridad a quienes presentaban deshidratación y quemaduras ocasionadas durante la travesía.

Según testimonio del personal de salud, el ambiente en el centro donde acogen a los migrantes es más bien de esparcimiento, no faltan el fútbol y los juegos de salón.  

Relata el artículo que la mayoría de los que recaló en Esmeralda, Camagüey, mostró su disposición de regresar a su país en cuanto las autoridades correspondientes así lo decidan.

Lamentablemente, hechos como este resultan comunes en naciones subdesarrolladas, cuyos habitantes miran con ilusión al primer mundo que los explota, mientras vende su realidad «exitosa», a través de los medios de comunicación y el entretenimiento. 

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