No imaginé nunca que el Congreso de EE. UU. diera cabida a una contrarrevolucionaria de origen cubano, de nombre Rosa María Payá, enfundada en su ego de «disidente» y su calificativo de directora de una ong fantasma que en Cuba no decide nada.
Pero recordé que en esa instancia han sucedido no pocas acciones para «quedar bien» con legisladores de la ultraderecha de la Florida, empeñados en seguir llenando sus bolsillos de dólares de los contribuyentes, con la matriz anticubana como bandera.
A fin de cuentas, también allí se escenificó el más brutal acto de barbarie de los últimos años, cuando el expresidente Donald Trump estimuló la «toma violenta» del Capitolio, so pretexto de que hubo fraude en las elecciones en las que obtuvo la victoria Joe Biden.
Entonces reflexioné y me di cuenta de que lo mismo una farsante como Rosa María Payá, que un senador como Marco Rubio, pueden compartir butacas y hasta –en el caso de ella– apropiarse de ideas y párrafos de reciclados discursos de Rubio, con la intención de «advertir» al presidente Biden de que el estado de la Florida, dominado por los republicanos, puede ser de mucha importancia en las venideras elecciones de medio término, proyectadas para 2022, cuando se elegirá la nueva Cámara de Representantes y un tercio del Senado.
La susodicha «disidente» llevó en su agenda, o en una que le prestaron, una retahíla de mentiras ya usadas para exigirle al Gobierno de Biden que adopte más medidas para recrudecer el bloqueo contra Cuba, y que presione a Europa y a la oea –no sé si haría falta– para que adopten disposiciones similares con la Isla. Alertó de que «levantar las sanciones es dar fondos a la Policía y a los militares», ante una audiencia del Congreso limitada al Subcomité para el Hemisferio Occidental en la Cámara de Representantes.
Allí Payá aseguró, en «exclusiva», que el «régimen cubano tiene los días contados». Ella, que se pasa la mayor parte del tiempo disfrutando del copioso dinero que le pagan las entidades estadounidenses portadoras de la función gubernamental de hacer la guerra contra el pueblo cubano, se aferra a no perder el protagonismo, que es sinónimo de dólares, aunque para ello pida cualquier cosa, hasta una intervención militar.
Se produjo en la citada reunión lo que ocurre en una lidia de furiosos inspiradores del horror y del odio hacia la nación cubana. Para seguir en la cuerda de la dama, el congresista nacido en Cuba, Albio Sires, representante del Partido Demócrata por Nueva Jersey, pidió una «mayor condena de la comunidad internacional contra la Isla», y que –oigan esto– «los países no reciban a brigadas de médicos cubanos» que van a salvar vidas y curar enfermedades, fundamentalmente, en los sectores más pobres de cada nación.















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Dennys dijo:
1
26 de julio de 2021
21:41:27
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