El 6 de noviembre último en la aldea india de Chushul, en Ladakh, sesionó la octava reunión bilateral a nivel de comandantes entre las autoridades gubernamentales de China y la India.
Buscan distender la situación en la llamada Línea de control actual, que separa a las dos naciones, donde los enfrentamientos atizaron el peligro de una guerra.
Al menos 20 soldados murieron en la zona del Himalaya, en el primer choque mortal entre ambos países en 45 años. China e India están separadas por la cordillera más alta del mundo y comparten fronteras con Nepal y Bután.
Todo comenzó en 1914, cuando Reino Unido, que controlaba a la India, firmó un acuerdo con el Tíbet para establecer la llamada Línea McMahon, una demarcación fronteriza caracterizada por la presencia de ríos, lagos y altas montañas, que hacen muy complejo establecer la soberanía sobre una región.
La frontera bilateral tiene un largo de más de 3 440 kilómetros, y las reclamaciones sobre diferentes tramos del límite son frecuentes.
En 1962 estalló una brutal guerra entre los dos países, que terminó con la derrota militar de la India. En 1967 y 1987 ocurrieron, de nuevo, conflictos militares motivados por las disputas territoriales.
Durante las últimas tres décadas, India y China han protagonizado diversas rondas de diálogo que fracasaron en hallar una solución permanente, si bien mantuvieron cierta estabilidad en la región.
En 2013 y 2017 ocurrieron graves crisis que fueron solucionadas por vías diplomática y política, mediante largas jornadas de conversaciones.
Tras el último gran incidente de 2017, Narendra Damodardas Modi, primer ministro de la India, y el presidente chino, Xi Jinping, mantuvieron dos cumbres informales para hablar de sus diferencias.
A pesar de que las dos potencias asiáticas han logrado restaurar y ampliar sus lazos diplomáticos y económicos, mantienen una relación tensa en la frontera.
Esperemos que el diálogo abra el camino a la solución.








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