Días después de que William Barr, fiscal general de Estados Unidos, se quejara de los constantes tuits de Donald Trump, porque «hacen que sea imposible mi trabajo», ahora la molestia para el funcionario es mayor.
Más de mil exfiscales federales y exfuncionarios del Departamento de Justicia, que sirvieron en administraciones republicanas y demócratas, pidieron su renuncia en una carta abierta publicada en las redes sociales, donde consideran que «las acciones del señor Barr, al obedecer las órdenes del Presidente, lamentablemente hablan más que sus palabras. Los exempleados insisten en que sus acciones, y el daño que han hecho a la reputación del Departamento de Justicia, hacia su integridad, y al Estado de Derecho, requieren que el señor Barr renuncie.
El republicano hasta la médula, asalariado de la CIA por cuatro años en la década de los 70, dijo que no se dejaría presionar por la insistencia de Trump con sus mensajes; pero… tan pronto el magnate consideró «horrible e injusta» la sanción de siete a nueve años de prisión solicitada para su estrecho colaborador en la campaña electoral de 2015, Roger Stone, declarado culpable de siete cargos en 2019, cuatro fiscales que llevaban el caso renunciaron, después de que el Departamento de Justicia pidió rebajar la condena, la cual quedó fijada en 40 meses, por obstrucción de la justicia.
En encuentros off record Barr, quien en su ascenso se vendió al público estadounidense como hombre de criterios independientes, les pidió a personeros allegados a Trump que escucharan sus reclamos de dejarlo tranquilo con los tuits. En su acostumbrada prepotencia, el mandatario le respondió tener el «derecho legítimo» de intervenir en cuestiones penales como la de Stone, y luego, en uno de sus «estira y encoge», le dio la razón al Fiscal General.
Consumado el hecho de que el binomio Trump-Barr le tirara la toalla a Stone y se levantaran las más de mil voces antes mencionadas reclamando la renuncia del funcionario, despachos noticiosos desde Washington le conceden «pocas expectativas» a que el otrora ocupante del mismo cargo durante la administración de George W. Bush, abandone el puesto. The New York Times publicó una nota, según la cual una asesora del Departamento de Justicia declinó comentar acerca de la situación de Barr.
Reiteradamente los demócratas han acusado al Secretario de Justicia de actuar más como un abogado personal del Presidente que en función de su cargo. ¿Acaso la decisión de reducir la pena de Stone no lo confirma?













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