ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
La causa venezolana es factor de unidad. Foto: Reuters

Que los presidentes de Estados Unidos utilicen a la ONU como vertedero donde depositar todo su odio contra pueblos y países no afines a sus políticas, no es cosa nueva. Lo hizo Donald Trump, con una decena de mandatarios latinoamericanos, o mejor dicho, del llamado Grupo de Lima, con el fin de –apoyado por su halcón Mike Pompeo– dictar órdenes para justificar sus amenazas militares y sus genocidas sanciones contra Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Lo vulgar del convite tuvo su máxima expresión cuando el silencio cómplice de algunos presentes se alineó al actuar del magnate inmobiliario. Como era de esperar, Pompeo, por la parte estadounidense, y los mandatarios Iván Duque, de Colombia, Sebastián Piñera, de Chile, y Lenín Moreno, de Ecuador, encabezaron las «apuestas» de cómo derrumbar la Revolución Bolivariana y sacar del poder al legítimo presidente Nicolás Maduro.

Pero hay más. Esa reunión –muy lamentable que la onu la permitiera en su sede– también tuvo la participación ilegítima de Julio Borges, ahora en su «calidad» de «canciller» de Juan Guaidó, quien lamentó la alianza entre Cuba y Venezuela.

El anfitrión, Donald Trump, en su discurso inaugural, ya había trazado las pautas temáticas del convite: «Nicolás Maduro es alguien despiadado y

corrupto, que vendió su país a una dictadura extranjera, a Cuba».

Hicieron uso de la palabra, además, Duque, totalmente olvidado de la crítica situación de su país, donde solo en lo que va del año 2019 han sido asesinados más de cien líderes campesinos e indígenas y otra cantidad similar de excombatientes de las FARC-EP.

Lenín Moreno, quien espetó: «Nicolás Maduro debe dejar el poder e inmediatamente hacer un llamado a elecciones».

En resumen, con este vulgar convite, tanto Trump como sus invitados se oyeron entre ellos los mismos discursos, las mismas amenazas y al final, solo obtuvieron una «ayudita» de 118 millones de dólares para «salvar» a Venezuela, a la que el Gobierno estadounidense le ha confiscado decenas de miles de millones de dólares, la ha sometido a un total bloqueo y no ha podido vencer por la resistencia y la dignidad del pueblo.

La ONU, una vez más vulnerable a lo que se le ocurra al Presidente de turno en la Casa Blanca, debe levantarse firme, como una sola, donde la voz de todos, o casi todos, se convierta en la condena universal a la política cruel y genocida de Estados Unidos, y se impongan el respeto y la no injerencia en los asuntos de sus estados miembros. La «otra» ONU, la de Trump y sus halcones, hay que hacerla desaparecer. Y eso corresponde a todos los países.

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