Incontables son las publicaciones, fotos, rezos, cadenas de oración y debates mientras arde la vida en la Amazonía. Comparaciones de cuánto dinero millonario apareció para salvar la Catedral de Notre Dame y cuán poco se hace ahora para salvarnos a nosotros, tal vez de nosotros mismos. Imagino que algunos pensaron entonces que ayudar a recuperar la catedral era contribuir a la permanencia de una joya de la creación humana, y otros muchos, tal vez, pensaron que así se compraban un pedazo de cielo. Nada me extraña que no sea igual ahora, cuando mueren árboles de quinientos años y se extinguen especies y se oscurecen los cielos y los habitantes de ese pulmón natural ven desaparecer sus ríos y plantas sagradas y se calcina su vida, su entorno, su casa, que es también nuestra. Los responsables directos o indirectos, con políticas medioambientales como las del ultraderechista Bolsonaro, ¿por qué querrían salvar la Amazonía? Ya se va haciendo el trabajo para que puedan comprar sus pedazos de suelo, donde se oculta para ellos la verdadera riqueza.
No es solo en este sitio del planeta donde la vida se consume entre llamas: basta ver en un mapa los incendios ahora mismo en África, Gran Canarias, Alaska, Siberia, Tailandia ¿Y qué hacer, cuando arden de impotencia también nuestros corazones de ceniza?















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Teresa Melo dijo:
1
26 de agosto de 2019
09:08:12
Beatriz Andrés Castellanos dijo:
2
26 de agosto de 2019
09:34:59
carmen Respondió:
27 de agosto de 2019
11:02:19
Liset dijo:
3
26 de agosto de 2019
11:20:32
carmen dijo:
4
27 de agosto de 2019
10:58:29
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