
Una epidemia consume salud y vida de millones de estadounidenses y otros ciudadanos del mundo, no la causa un virus, ni una bacteria desconocida, es una enfermedad que carcome las bases mismas de la sociedad humana, nacida de la enajenación y el afán desmedido de riquezas.
Se trata de la epidemia de opioides que comenzó con las píldoras recetadas para el dolor en EE. UU. hace casi tres décadas, poco después de que Purdue Pharma introdujera el oxycontin, un medicamento a base de opioides, casi tres veces más fuerte que la morfina y considerada un analgésico que se sintetiza a partir de la tebaína, sustancia presente en el opio, que es familia de la heroína.
Además de su capacidad para neutralizar el dolor, según explicó a BBC Mundo el doctor Brandon Marshall, profesor de Epidemiología de la Universidad de Brown, en Rhode Island, se conocía su potencial adictivo peligrosamente alto. Sin embargo, el medicamento comenzó a distribuirse por todo EE. UU.
Purdue pagó a médicos y grupos sin fines de lucro para ayudar a comercializar el producto como una forma segura y eficaz de tratar el dolor, fue tan fuerte la campaña de marketing que realizó la compañía farmacéutica que se convirtió en un éxito de venta. Entre 2006 y 2012 las compañías farmacéuticas más grandes de EE. UU. vendieron más de 76 000 millones de analgésicos de oxicodona e hidrocodona.
En ese mismo periodo 100 000 personas fallecieron a causa de sobredosis de opioides, pero ya en 2016 la cifra de muertes se elevó a más de 60 000 en un año, según la Agencia de Investigación y Calidad de la Asistencia Médica de Estados Unidos
De acuerdo con un análisis de la base de datos de la Administración de Control de Drogas (DEA) realizado por The Washington Post, seis compañías distribuyeron el 75 % de las píldoras durante este periodo: McKesson Corp., Walgreens, Cardinal Health, Amerisource Bergen, CVS y Wal-Mart. Tres compañías fabricaron el 88 % de los opioides: SpecGx, una subsidiaria de Mallinckrodt; Actavis Pharma; y Par Pharmaceutical, una subsidiaria de Endo Pharmaceuticals.
El Estado de la Florida durante las últimas dos décadas se convirtió en el mercado número uno para las fábricas de pastillas, y las clínicas para el manejo del dolor sirvieron como base de operaciones para los médicos y narcotraficantes corruptos. Algunas clínicas llegaron a publicitar sus productos en carteles en las rampas de salida interestatales.
La ruta de Florida a Georgia, Kentucky, Virginia Occidental y Ohio se conoció como la Autopista Azul, nombre que debe al color de una de las píldoras más populares de la calle: las tabletas de oxicodona de 30 mg fabricadas por Mallinckrodt.
LA «DROGA DEL DIABLO»
La epidemia de opioides, que comenzó con las píldoras recetadas, generó un aumento en el uso de heroína y dio lugar al actual «éxito» del fentanillo, un opiáceo sintético conocido como «droga del diablo», que mata más que ninguna otra conocida.
El fentanyl o fentanillo fue una droga creada para tratar los dolores causados por el cáncer. La industria farmacéutica Insys sobornó a varios médicos y engañó a las aseguradoras para que la recetasen sin control. Ahora esta droga se receta hasta para dolores de muela o de espalda, y ya ha llegado a Europa a través del mercado negro.
«El problema de los adictos al Fentanyl es que acaban desarrollando tolerancia a la droga y cada vez necesitan mayor cantidad para satisfacerse», explica el doctor Hakique Virani, de Alberta, Canadá, especialista en recuperación de adicciones.
Estados Unidos y Canadá consumen más del 80 % de opiáceos del mercado mundial. El tercer país es Dinamarca. Tan solo en 2015 se registraron 300 millones de recetas en Estados Unidos, que supuso un beneficio de 24 billones de dólares para las farmacéuticas.
Según una encuesta realizada el pasado año, por la National Safety Council de Estados Unidos, el 99 % de los médicos había recetado opiáceos que superaban los tres días de medicación. El 77 % admitió haber «sobremedicado» a sus pacientes con fármacos extremadamente potentes.
La epidemia llevó a Estados Unidos a declarar en octubre de 2017 una emergencia de salud pública, pero nada parece detener las muertes y el consumo ante el slogan que define a esa nación: «negocios son negocios».













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Miguel Angel dijo:
1
31 de julio de 2019
09:16:25
Aristides dijo:
2
1 de agosto de 2019
21:40:07
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