
La ecuación es la siguiente: Siria, donde los terroristas del Estado Islámico y del Frente Al Nusra siguen sus acciones, matan civiles, destruyen patrimonio y se apoderan del petróleo en las zonas bajo su control, necesita del crudo para que su economía funcione y para la reconstrucción del país. Súmese a ello, los continuos bombardeos de la aviación estadounidense contra objetivos civiles y del ejército sirio.
La República Islámica de Irán, por su parte, resiste las más brutales sanciones económicas y comerciales impuestas por Estados Unidos y necesita exportar su petróleo, renglón básico de su economía.
Un tercer ingrediente, Europa, aliada de Estados Unidos, se ha sumado a las sanciones contra Irán y al cerco contra Siria, y sirve de policía marítima en la persecución y apresamiento de alguna nave iraní que traslade petróleo a Siria o a cualquier otra parte.
Mientras, a la deriva por mares y estrechos, aparece la paz, sin un sostén que la haga llegar a puerto seguro.
En ese contexto, un barco con petróleo iraní fue confiscado por las autoridades británicas a su paso por el Estrecho de Gibraltar, acción deliberada que añade tensión allí donde no cabe más.
Sería necesario y además propio de países civilizados y que dicen tener una política exterior independiente, reflexionar sobre quién es el único culpable de que esta situación haya llegado a esos extremos.
Saben los europeos que fue el presidente Donald Trump y no el gobierno de Teherán quien tiró al basurero uno de los documentos más importantes de la comunidad internacional en las últimas décadas: el Acuerdo Nuclear Iraní, firmado por cinco potencias más la nación persa.
Un discurso ambiguo, donde se dice que es prioridad europea salvar el Acuerdo con Irán, mientras se realizan acciones como la del apresamiento del buque petrolero en aguas internacionales, muestra una dudosa política subordinada a lo que diga Estados Unidos.
Saben también los europeos que Siria ha sufrido en los últimos seis años la más atroz embestida terrorista, producto de la cual han muerto casi 300 000 personas, más de cinco millones de sus hijos han tenido que emigrar y su patrimonio nacional y universal ha sido mutilado.
Entonces, ¿por qué sumarse a esa política estadounidense que lo único que ha mostrado al mundo es terror, desprecio por los seres humanos, e imposición de reglas según sus conveniencias e intereses?
¿No sabe bien la diplomacia europea que el hecho de bloquear el paso del crudo iraní por mares cercanos al Viejo Continente es, más que todo, un plan premeditado con antelación por parte de la administración Trump para agravar aún más la situación en torno a Siria e Irán, como ha denunciado la Cancillería rusa?
Y, como era de esperar, el primero en celebrar la captura del barco persa, con 300 000 toneladas de petróleo, fue John Bolton, halcón mayor con cargo de asesor de seguridad del gobierno de Trump, quien calificó el hecho como «excelente noticia».
Es hora de que no se siga jugando con la paz y la llevemos a puerto seguro, en vez de añadir nuevos elementos de confrontación que puedan cerrar su entrada y convertir en infierno los mares.















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Julio César Gerónimo Oseguera dijo:
1
8 de julio de 2019
18:55:30
Cristina Theys dijo:
2
9 de julio de 2019
03:39:29
Israel dijo:
3
9 de julio de 2019
13:13:07
Miguel Angel dijo:
4
10 de julio de 2019
13:58:12
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