Los presidentes de China, Xi Jinping, y de Estados Unidos, Donald Trump, se verán las caras este sábado para tratar de buscar fórmulas que disminuyan los peligros de la guerra comercial que enfrenta a los dos paises.
Ambos dignatarios intentarán quitar presión a su enfrentamiento que genera zozobra en el mundo ante la acentuación de la crisis sistémica de la economía mundial, y que podría acentuarse si Washington impone nuevos aranceles, algo que aumentará las tensiones que ya sufren los mercados mundiales.
La Casa Blanca amenaza con aumentar los aranceles al 25 por ciento para 200 mil millones de dólares en productos chinos en enero, frente al 10 por ciento actual, mientras Trump dice no estar seguro de un acuerdo a la vez que habla de incrementar las penalidades arancelarias sobre otros 267 mil millones de dólares en importaciones si no hay avances.
Según fuentes del entorno de ambas delegaciones las diferencias persistían y el resultado de las conversaciones era incierto, lo que fue matizado por una sarcástica afirmación del mandatario estadounidense: «No sé si quiero llegar a un acuerdo».
Desde la primera cita del G-20 en 2008, según dijeron entonces sus organizadores «para ayudar a rescatar a la economía mundial de la crisis financiera», el mundo no enfrenta un escenario tan convulso y preocupante.
El economista e investigador peruano Oscar Ugarteche, plantea que «se mantiene una guerra comercial entre Estados Unidos y China y entre Estados Unidos y la Unión Europea y la postura de Estados Unidos frente a la OTAN es de hostilidad, habiéndose abierto la posibilidad de que Alemania y Francia organicen una fuerza militar fuera de la OTAN».
Es todo un reto para los asistentes al foro bonaerense mostrar su capacidad para lidiar con las tensiones comerciales y otras diferencias geopolíticas.
La víspera en un encuentro con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, el presidente estadounidense dio señales alentadoras pese a su imprevisibilidad.
«Estamos trabajando muy duro. Si pudiéramos llegar a un acuerdo sería bueno. Creo que lo desean. Creo que nos gustaría. Ya veremos», dijo.
Sin embargo, fuentes de la delegación china afirmaron que las diferencias persisten aunque puede haber alguna aproximación durante la cena que sostendrán los dos presidentes al margen de la cumbre.
Por otra parte, se espera que Xi no se aleje de la declaración emitida la víspera por el grupo BRICS de las principales economías emergentes, que comprenden Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, la cual demanda un comercio internacional abierto y un fortalecimiento de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
El escenario de Xi y Trump estará en juego la lucha por el liderazgo mundial entre las dos mayores economías mundiales.
En este ambiente, China, una potencia emergente, disputa a Washington la hegemonía del sistema mundial con una envidiable capacidad productiva, de relaciones comerciales y financieras con el mundo, plasmadas en las alianzas que despliega.
Es la disputa por la hegemonía del dólar estadounidense frente a la globalización del Yuan en el sistema monetario internacional, algo a lo que se aferra Washington para mantener sus intereses estratégicos de dominación a escala universal. (PL)













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