Un titular de los que no aparecen en la «prensa libre occidental» destaca que durante los últimos días, en el estado nigeriano del Delta, fueron desmanteladas más de 30 refinerías ilegales de crudo.
El lugar exacto fue la comunidad de Yeye, al sur de Nigeria, ese gran país del oeste africano que da cobijo a 185 989 640 personas y a una sorprendente cantidad de petróleo.
A lo largo de su historia, esa región que cuenta con la bonanza del río Níger y su Delta, ha sido blanco constante de saqueo. El informe Nigeria y el crudo ilegal: opciones internacionales para luchar contra la exportación del petróleo robado, lanzado a la luz pública en septiembre del 2013, indica que el robo de petróleo alcanza allí una escala industrial, cuyo clímax radica en la desaparición de unos 100 000 barriles a diario.
No fue hasta hace poco que la larga pugna entre la población –harta del saqueo y sus altos costos ambientales y para la salud– y una multinacional, encontró la válvula de salida gracias a una medida del Parlamento, cuya resolución obligó a la petrolera anglo-holandesa Shell a indemnizar con 1 500 millones de dólares a la etnia Ijaw, debido al daño ambiental severo que provocó mientras se enriquecía ostensiblemente.
Es la tercera compañía petrolera a nivel mundial y cerró el 2005 con récord de ganancias: sus beneficios ascendieron un 30 % en comparación con el año previo. Pero lo hizo a cuenta de enlodar comunidades cada vez con menos recursos y muchos padecimientos.
Datos aparecidos en un informe de Human Rights Watch, confirman que entre 1976 y 1996, 4 835 vertidos de petróleo ocurrieron en la zona del Delta del caudaloso río Níger. Esta cifra representa un estimado de 12 toneladas diarias de metano, con altísimos índices contaminantes.
Allí se echa mano de los recursos naturales de forma insensata: se bombea el crudo hacia botes y barcazas y, como en tierra de todos y de nadie, parte considerable del hidrocarburo se desvía a otros países.
De ahí que se acoja en el país africano con vehemencia la noticia de que, mediante la operación Delta Safe, se ha intensificado la guerra contra el escamoteo de petróleo en esa zona.
El capitán de la armada de Nigeria, Adewuyi Festus, dio fe de que se continuará fortaleciendo esta ofensiva. «El cuerpo de seguridad no descansará hasta que el acto ilícito desaparezca del Estado; seguiremos buscando a los ladrones», afirmó el oficial, quien apeló a la notificación oportuna de los ciudadanos en las comunidades para salvar la economía y el medio ambiente de la nación.
Solo superado por Libia, Nigeria es el segundo país africano con mayores yacimientos de crudo y concentra sus infraestructuras petroleras en el delta del río Níger. Recientemente, nuestro diario ofreció detalles sobre la firma de un acuerdo entre el país homónimo, Níger, y esta gran potencia africana, que buscan aliarse para fomentar la extracción y procesamiento consciente del petróleo, cuidando la sostenibilidad del medio ambiente, que ya ha sufrido, en el Delta, el derrame de 500 millones de galones de petróleo.
Las acciones del más meridional de estos países –donde las refinerías ilegales y los ataques del grupo militar opositor Vengadores del Delta del Níger han fustigado la producción petrolera– van encaminadas a restablecer la seguridad y armonía en el octavo país mayor productor mundial de crudo.
La intención debe ser aún más ambiciosa: reflejar la producción diaria de millones de barriles de petróleo en el desarrollo y calidad de vida de los nigerianos, quienes continúan viviendo en uno de los más pobres países del mundo. El 70 % de estos 177 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, aun cuando Nigeria es miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) desde 1971 y sus inmensas reservas petrolíferas le han valido el calificativo de «gran locomotora del oeste africano».













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Carlos Alberto dijo:
1
28 de febrero de 2018
05:46:09
Miguel Angel dijo:
2
1 de marzo de 2018
11:01:07
pepe dijo:
3
19 de abril de 2018
12:22:34
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