Las distintas administraciones estadounidenses –republicanas o demócratas– han hecho sus «aportes» sustanciales a la hora de juzgar a los demás, sancionarlos, invadirlos o masacrarlos, según la prioridad que le asignen en la «privilegiada» lista del llamado Eje del mal.
Respecto a la República Islámica de Irán, los planes de Washington han pasado por diversas aristas, que van desde la invención de que la nación persa desarrollaba armas nucleares, violaba los acuerdos internacionales, exportaba el terrorismo, hasta la ya gastada cantaleta de violación de los derechos humanos, todo, por supuesto, medido bajo el patrón estadounidense que ya ni ellos mismos se pueden creer.
En todas esas componendas antiraníes hay, en mi opinión, dos elementos clave: el primero es la resistencia del pueblo y la Revolución Islámica de Irán, que para nada es aceptado por Estados Unidos, y el otro, la valía geopolítica de Irán, sus recursos energéticos, su papel dentro del conglomerado de naciones del llamado Oriente Medio, su influencia y solidaridad con las luchas de quienes en la región y el mundo defienden las causas justas de la independencia, la soberanía y el antimperialismo.
Estos principios hacen merecedores a Irán de un destacado puesto dentro del «Eje del mal» fraguado por Estados Unidos.
El hecho de que por estos días en que despedíamos el 2017 y damos la bienvenida al 2018, las calles de varias ciudades iraníes fueran escenario de revueltas populares en las que se unían reclamos de mejora económica, laboral y otros, con actos de violencia estimulados desde el exterior, es la confirmación del empeño por desestabilizar a la nación persa y hacer del caos una bandera para debilitar los principios de la resistencia que caracterizan a ese pueblo y su Gobierno.
No por casualidad, en medio de las festividades de fin de año, Trump sacó tiempo para pronunciar discursos antiraníes y para llenar el ciberespacio con su predilecta forma de «dirigir» la política estadounidense: los tuiters, donde amenaza al país persa y se inmiscuye en problemas internos que solo esa nación puede resolver.
¿O es que las dificultades económicas iraníes no pasan por los efectos de las crueles sanciones económicas y comerciales impuestas por Washington y que también aplicaron otros países occidentales?
El pueblo y el Gobierno islámico saben muy bien que su patria se levanta ahora económicamente luego de años de condenas en los que se les prohibía todo, incluso hacer uso de su principal fuente económica: la exportación del petróleo y el gas.
RECORDAR LOS ANTECEDENTES
El 9 de junio del año 2010, el Consejo de Seguridad de la ONU –a instancia y por presiones de Washington– aprobó la Resolución 1929 contra Irán, con la que se produjo una nueva ronda de sanciones en forma de evidente ultimátum, sin que las acusaciones sobre el programa nuclear iraní tuviese comprobación alguna de que se alejara de su carácter netamente pacífico.
Midiendo las posibles consecuencias de aquellas disposiciones, escribí entonces que «la intención de Estados Unidos era la de que Irán no cumpliera con las medidas adoptadas por la ONU y entonces Washington poder justificar la guerra», hasta con un posible ataque nuclear, en ese caso usando a Israel y a alguna de sus 200 ojivas nucleares para «lanzar la primera piedra» y quizá, hasta con ello poner fin a la existencia humana.
En aquella oportunidad el Consejo de Seguridad partió del supuesto –sin confirmación alguna– de que a pesar de las anteriores sanciones, Irán seguía enriqueciendo uranio y evadía los controles y el bloqueo en lo relativo a la exportación de armas y a la importación de equipos y materiales relacionados con la tecnología nuclear.
La película elaborada por Estados Unidos tenía la misma factura de los pretextos inventados por el entonces presidente George W. Bush en cuanto a la presencia de armas nucleares en Irak, con lo que justificó aquella cruel y salvaje invasión, bombardeo, ocupación y destrucción de la nación árabe, con saldo de más de un millón de muertos y heridos y una desestabilización y caos que llega a nuestros días.
A Irán, la resolución de la ONU le daba 90 días para la suspensión completa y sostenida de todas las actividades relacionadas con el enriquecimiento de uranio y desarrollo de su programa nuclear con fines pacíficos.
En mi opinión, solo «dejarían de aplicarse las sanciones contra Irán», cuando el país persa se ponga de rodillas y renuncie a todo su programa de desarrollo, y además se desarme.
Una de las medidas más peligrosas de las adoptadas por el Consejo de Seguridad en la Resolución 1929 del año 2010, fue la que «exhorta a todos los Estados a que, de conformidad con sus autoridades nacionales y su legislación y con arreglo al derecho internacional, en particular el derecho del mar y los acuerdos pertinentes sobre la aviación civil internacional, inspeccionen en su territorio, incluidos los puertos o aeropuertos, toda la carga procedente del Irán o con dirección a Irán si el Estado en cuestión tiene información que ofrezca motivos fundados para dudar sobre la carga en cuestión».
Estos y otros elementos contenidos en la Resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU en aquella fecha eran más que suficientes para tener a la comunidad internacional con la incertidumbre de lo que pudiera pasar a partir de los 90 días dados como ultimátum a la nación persa.
SE IMPUSO LA RESISTENCIA
Ha sido un camino largo y difícil, pero Irán lo ha transitado. Su capacidad de resistencia, la inteligencia probada de sus dirigentes y el compromiso sagrado como su religión misma de que su desarrollo nuclear no contiene ni un átomo militar, se impusieron ante los agoreros de la guerra, de las sanciones como fundamento para la rendición y la destrucción de su economía para crear el caos en su población.
En los últimos años, los gobernantes iraníes han sabido sentarse a la mesa de negociaciones del llamado Grupo 5 más uno (China, EE. UU., Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania). Han dialogado de tú a tú con amigos y enemigos. Han sido flexibles y a la vez han mantenido sus convicciones. Han moderado el discurso y han sabido exigir respeto de sus interlocutores.
Irán logró acuerdos verificables con el citado Grupo 5 más uno, y la Organización Internacional de Energía Atómica que monitorea el cumplimiento de los mismos por parte de esa nación y ha reiterado en sus frecuentes informes que ese país cumple al pie de la letra con lo pactado y que su programa nuclear sigue siendo para uso pacífico.
A la vez, Estados Unidos y la Unión Europea se comprometieron a abolir las sanciones contra Irán y permitir sus vínculos económicos internacionales.
Hoy, no solo comienza a salir del impacto negativo provocado por aquellas injustas medidas que lo llevaban a la asfixia económica. Su desarrollo se hace sostenible y sus vínculos con el exterior se expanden allende los mares. Su política firme y solidaria ha sido de gran valía en la erradicación de los grupos terroristas en Siria y contra las componendas estadounidenses de convertir al Oriente Medio en un verdadero infierno.
Las revueltas que se han producido en Irán por estos días y que algunos líderes occidentales como Donald Trump estimulan con vehemencia, constituyen parte de una estrategia diseñada por Washington que se enfrenta una vez más, como ocurre en las masivas y pacíficas manifestaciones en calles y ciudades iraníes, con la resistencia del pueblo persa y la defensa de la independencia y soberanía de un país libre y fiel a sus principios religiosos y antimperialistas.















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Miguel Angel dijo:
1
5 de enero de 2018
03:15:53
Ada dijo:
2
5 de enero de 2018
08:30:52
FrankCuba Respondió:
5 de enero de 2018
13:31:29
Maykel dijo:
3
5 de enero de 2018
13:26:40
Antonio dijo:
4
5 de enero de 2018
13:35:15
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