
BEIJING.-Cuando Qu Yuan, poeta y patriota chino de la antigüedad, se enteró de que su reino había caído en manos enemigas se arrojó al río Miluo, con una roca en sus brazos. En el exilio y tras ver frustrados sus esfuerzos por salvar Chu, su pueblo natal, el erudito ofreció su propia vida como sacrificio a la patria.
Cuenta la leyenda que, al saberlo, los pescadores organizaron expediciones en sus botes, adornados con forma de dragón, para buscar al admirado poeta y tratar de salvarlo. Durante días surcaron desesperadamente las aguas del afluente del Xiang y, ante la imposibilidad de rescatar a Qu Yuan, se dedicaron a ahuyentar y alimentar con zongzi -bolas de arroz glutinoso envueltos en hojas de bambú- a las criaturas del río rogando que no comieran su cuerpo.
Desde entonces, hace aproximadamente 2 000 años, el pueblo chino conmemora este intento de rescatar a Qu Yuan en una celebración conocida como Duanwu o el Festival del Bote del Dragón.
Se trata de una de las festividades tradicionales más importantes del gigante asiático que cada año se realiza el quinto día del quinto mes del calendario lunar, que este 2017 coincide con el 30 de mayo.
Durante las jornadas de agasajo se disputan regatas de pequeñas embarcaciones. Barcos con una cabeza de dragón tallada en su proa recorren los ríos del país, con la simbólica misión de buscar y salvar al poeta, considerado uno de sus héroes.
Como toda ceremonia tradicional en esta milenaria nación, el Festival del Bote del Dragón viene acompañado también de una exquisita gastronomía y un plato emblema: el zongzi, empanadas o tamales de arroz glutinoso cubiertas de hojas de bambú que se cocinan al vapor, las mismas que en el año 278 (a.n.e) los pobladores de Chu, tierra de Qu Yuan y actualmente provincia central de Hubei, ofrecieron a los peces para salvaguardar el cadáver del poeta.

Las formas de comer y preparar los zongzis varían tanto como la extensa geografía de China. Mientras en el norte acostumbran a hacerlos con rellenos dulces como dátiles, pasta de judías rojas o frutos secos, al sur y en las provincias costeras estas bolas del habitual arroz glutinoso tienen un sabor más salado, pues suelen acompañarse de carne, hongos, vegetales, pescados y mariscos.
En esta celebración, que en el 2009 fue incluida en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, las familias también se reúnen y decoran sus casas con dibujos de cinco animales como la serpiente, el escorpión, el sapo, el ciempiés y el lagarto, para evitar así que estos se acerquen a las viviendas.
Además, por estos días las modernas ciudades chinas parecen retroceder en el tiempo, pues muchos de sus habitantes asisten a las actividades culturales del Duanwu vestidos con el tradicional Hanfu, una prenda muy representativa de China usada por la etnia Han hace más de tres milenios.
Vivir esta fiesta nacional, una de las tantas que se realizan en esta tierra asiática y que también representa la llegada del verano, no solo permite palpar la pasión con que el gigante asiático recuerda a un hombre ilustre de su historia, sino comprobar asimismo que China es un país de leyendas y que ese misticismo alimenta a su pueblo.















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Guillermo Morán Loyola dijo:
1
30 de mayo de 2017
08:30:59
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