CARACAS.—Tal pareciera que la derecha nacional ensaya en Venezuela un culebrón de capítulos repetidos con los mismos argumentos: crear expectación —si se quiere tensión—, escandalizar bastante, y prometerle un desenlace distinto a una novela comercial de finales conocidos.
Habría que preguntar qué estudios de audiencia se encargan de enmascarar los fracasos políticos del guion practicado en el 2016, para que en esta nueva temporada reediten las mismas escenitas con actores diferentes.
El enero anterior empezó justo así: un Henry Ramos Allup que recibió primero en la Asamblea Nacional (AN), con hipócrita cortesía, al presidente Nicolás Maduro, y luego le apuró un ultimátum pretensioso de seis meses, mientras una cascada de iniciativas absurdas lo hundían rápido en la inconstitucionalidad.
Este enero, pero ahora con el nombre de un Julio Borges que antes se mostró propenso al diálogo y en posturas menos cáusticas, fue nombrado entre ellos el nuevo cabecilla que justo en su estreno, repitió el discurso premonitorio del «ahora sí llegó el final».
De estos dos viejos lobos de la oposición tradicional (Ramos Allup, de Acción Democrática y Borges, de Primero Justicia), el segundo ya había pecado de incauto, por no decir ingenuo, ante la agresividad ajedrecística de su «colega de armas».
Aun siendo el partido con mayoría de votos en las parlamentarias, Borges ignoró las triquiñuelas que a fuego lento cocinaba el otro en el seno de la bancada opositora, y se dejó usurpar así el primer turno en la presidencia de la AN; debiéndose conformar con recibir el batón al cabo de un año.
Llegado su turno al fin —aunque inválido a los ojos de la ley, por encontrarse la Asamblea en desacato—, podía al menos haberse ahorrado los ridículos de su predecesor; sin embargo, con sus primeras palabras no solo confirmó que el trillo sería el mismo, sino que en pos de marcar alguna diferencia, o tal vez camuflar el sello de perdedor ganado un almanaque atrás, se lanza de cabeza a la aventura de «no perder un segundo» en la ofensiva.
¿Resultado? En menos de tres semanas de año nuevo transcurrido y a apenas unos días del discurso inaugural, Borges rompe los récords de tiempo entre el actuar y el merecer la nulidad.
Si en el 2016 la AN se ganó la invalidez constitucional tras la juramentación de tres diputados indígenas suspendidos en el curso de una investigación por fraude electoral, el nuevo calendario reconfirma la ilegalidad del Poder Legislativo en la escena de teatro que significó la asunción de su propio presidente.
Ni corto ni perezoso, así lo sentenció la semana pasada el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), máximo intérprete de la Constitución: «Ante la instalación de la Asamblea Nacional y elección de una nueva Junta Directiva, estando en desacato al Poder Judicial, las actuaciones parlamentarias desplegadas desde ese día también son nulas», y ordena a los diputados que «se encuentran en omisión parlamentaria inconstitucional (…) que desistan inmediatamente de tales actuaciones y ejerzan sus atribuciones conforme a la Carta Magna».
No les habrá dado tiempo a enterarse de la disposición del TSJ, cuando en el apuro frenético de un acto de circo, sesionaban para declarar el Abandono del Cargo del mandatario Nicolás Maduro, y anunciar, con soberana enajenación de la realidad, elecciones generales en 30 días.
¿Quién los escucha? ¿Quiénes, sino entre ellos mismos, aplauden y refrendan la iniciativa? ¿Se plegará el Consejo Nacional Electoral (CNE) a tan peregrino anuncio?
Vale preguntar adónde va la credibilidad de la AN, si mientras el nombrado segundo al mando, Freddy Guevara, vocifera frente a cámaras «¡Desde este momento Nicolás Maduro no es presidente de Venezuela!», la propia sentencia del TSJ circulaba en el país una orden irreversible:
«En vista de la imposibilidad para realizar actos válidos, se configura la omisión inconstitucional de la Asamblea Nacional, por lo cual el Presidente de la República en pleno ejercicio de sus funciones, ciudadano Nicolás Maduro Moros, deberá rendir su mensaje anual ante el TSJ, en el que dará cuenta de los aspectos políticos, económicos, sociales y administrativos de su gestión durante el año inmediatamente anterior».
Ocurrió el domingo 15, pero en la tribuna distinta del TSJ. Al menos Ramos Allup tuvo a Maduro en el estrado de la AN. Borges ni eso.
No obstante, de la derecha habrá que cuidarse siempre; más de la conspiración subrepticia que de las absurdas apariencias vocingleras.
Ya está cantado que en sus apuestas, echan a pelear los mismos perros con distintos collares, pero de toda la jauría, invierten sumas mayores en el can más violento y sanguinario.
No por gusto el jefe de Estado instaló, antes de irse a Nicaragua, el denominado Comando Nacional Antigolpe, dirigido por el vicepresidente ejecutivo Tareck El Aisami; órgano que articula la inteligencia y la acción preventiva contra los nuevos esquemas violentos de desestabilización.
El dirigente revolucionario Diosdado Cabello develó el llamado Plan Alcatraz, organizado por el partido de ultraderecha Voluntad Popular para generar una movilización opositora de gran magnitud el próximo 23 de enero, como estrategia de distracción; a la par que en la cárcel de Ramo Verde, otro grupo efectuaría a la fuerza el rescate del dirigente de la facción, Leopoldo López, prisionero allí por su autoría intelectual y conducción de las guarimbas que en el 2014 provocaron la muerte de 43 personas.
Cabello detalló que la idea es infiltrar en la movilización a personeros de choque que, simulando ser miembros de colectivos chavistas, provocarían violencia entre sus propias filas y armarían un show mediático que desate una reacción en cadena extensible a todo el país.
En ese salto atraparon la semana pasada a un diputado suplente con un amplísimo prontuario policial por homicidio y tráfico de drogas —que para variar, integra la Comisión Permanente de Régimen Penitenciario de la AN—, quien organizaba el levantamiento opositor de distracción que en Caracas generaría la violencia desmedida.
En Zulia, a la vez, apresaron a un concejal con material explosivo que preparaba un acto de conmoción durante una concentración opositora.
En fin, que mientras el ridículo parlamentario crea una fachada política a veces risible pero altamente mediática, cocinan bajo la alfombra los más descarnados planes, al costo de la vida de sus propios seguidores.
¿Querrán dialogar la paz estos sectores? ¿Serán capaces de pensar en algún concilio que no implique usurpar el poder y restaurar el capitalismo?
Aunque difícil, llamar al diálogo sigue siendo, no obstante, la premisa del presidente Maduro en su diplomacia perseverante de paz; a la vez que demuestra la capacidad creciente en la eficiencia al enfrentamiento de la agenda golpista de derecha; respondida en su gestión con otra agenda distinta en lo productivo, financiero, de protección social sin precedentes y consolidación de una economía nacional que es todavía la prioridad y el mayor reto.
Como quien atraviesa una ciénaga política, la Revolución Bolivariana circunvala las trampas con pasos firmes, aunque demore más; mientras sus enemigos, por adelantar la meta, patinan en el pantano de sus propias ambiciones.













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Luis Eloy Suarez Escobar dijo:
1
17 de enero de 2017
04:01:01
Miguel Angel Respondió:
17 de enero de 2017
15:18:34
pbruzon Respondió:
18 de enero de 2017
11:34:44
Luis fernando Cadavid dijo:
2
17 de enero de 2017
04:18:30
Alexander dijo:
3
17 de enero de 2017
08:45:50
bob paez dijo:
4
17 de enero de 2017
23:50:37
Miguel Angel dijo:
5
18 de enero de 2017
07:55:26
Armando17 dijo:
6
23 de enero de 2017
07:34:07
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