VIETNAM.—Hung Tran Duy tiene cinco años y viene desde la provincia de Thai Binh, a conocer a Ho Chi Minh.
Para su padre, Khoa Tran, ya es tiempo de que el pequeño visite el lugar donde el líder vietnamita pasó los últimos 15 años de su vida.
Aunque es pronto para que pueda comprender en toda su grandeza, el papel desempeñado por el legendario revolucionario en pos de la unidad nacional, en la lucha contra el colonialismo francés y contra los invasores norteamericanos, hay otros aspectos de su personalidad, que quien recorre el lugar jamás olvida.
El propio Khoa Tran lo descubrió de niño, por eso ha insistido en traer a su hijo a aprender sobre la historia del tío Ho.
Bajo los árboles majestuosos que el propio Ho Chi Minh contempló una vez, le mostrará el palacio presidencial, la bella edificación rodeada de fuentes y jardines, que fuera residencia privada del gobernador de Indochina hasta la expulsión de Francia, y a la cual Ho se negó a mudarse, argumentando que la recuperación de aquel sitio, había sido una conquista de la Revolución.
Desde entonces, el hermoso edificio de la ciudad de Hanoi, quedó reservado para el trabajo de gobierno, mientras el líder vietnamita se conformaba con la pequeña vivienda de uno de los antiguos sirvientes del palacio.
Tal vez no exista otro hecho que retrate de manera más exacta su humildad y su entrega.
“Es que el presidente quería vivir como lo hacía el pueblo”, explica Pham Hoang Diep, una de las guías del complejo.
Después de pasar cuatro años allí, y ante la insistencia de sus allegados en el Partido, Ho Chi Minh finalmente aceptó que se le construyera una cabaña de madera a orillas del pequeño lago cercano al palacio —similar a la que tuviera en la selva antes de la independencia—, que facilitara sus reuniones con el Buró Político.
Sin lujos ni adornos, la modesta casita sobre pilotes de solo dos habitaciones, fue al mismo tiempo su hogar y el despacho donde recibió a varios jefes de Estado, invitándolos a sentarse en el suelo, fuera de todo protocolo.
Además, fue su puesto de mando, en el que se mantenía actualizado de lo que sucedía en la guerra.
Todavía hoy, en ella se conservan los teléfonos con los que se comunicaba con el Ministerio de Defensa, el casco que usaba cuando viajaba al interior del país, la radio para escuchar las noticias, el cuaderno con sus últimos apuntes, la pecera y los bancos que mandó a colocar, para los niños que lo visitaban con frecuencia.
A pesar de su modestia, fue este el espacio donde Ho y el Buró Político del Partido trataron asuntos de gran trascendencia para la nación vietnamita, como la decisión de iniciar la construcción del socialismo en el norte, y la de continuar la lucha armada en el sur.

El decorado es tan simple, que uno apenas tiene que hurgar en la memoria para recordar cada pieza, y contrasta de manera abrumadora con el esplendor del palacio en que vivía el presidente de Vietnam del Sur en la ciudad de Saigón, sostenido por las tropas norteamericanas.
Convertida también en museo, la imponente edificación exhibe en la actualidad los fabulosos salones donde el régimen del sur organizaba sus fiestas y sesiones privadas de cine, y hasta la pista de helicópteros en una de las azoteas, y constituye todo un símbolo del servilismo y la corrupción que la revolución vietnamita se propuso derrocar.
En contraposición a toda esa opulencia, la cabaña de Ho Chi Minh, en una orilla del lago, al fondo del palacio presidencial, denota el profundo respeto del líder por el pueblo, y la decisión de predicar con su ejemplo, sus ideas sobre los valores humanos, la unidad y la ética.
A 47 años de su muerte, son muchas las personas que llegan hasta aquí para expresarle admiración, y para conocer un poco más sobre la vida y el legado de aquel hombre que a decir de Fidel, «combinó de una manera genial, la lucha por la independencia nacional con la lucha por los derechos de las masas oprimidas por los explotadores y los feudales».
Según Pham Hoang Diep, entre 6 000 y 7 000 visitantes acuden como promedio diariamente, desde todos los rincones de Vietnam, y de muchas otras partes del mundo.
«Este fue el sitio donde permaneció más tiempo, y es como un museo de su quehacer diario. Por eso la gente se interesa tanto por él.
«Lo que más les impresiona a todos, es la humildad de la vida de Ho, algo que distinguió su personalidad en todo momento», dice.
Seguramente, será también lo que más llame la atención de Hung, el pequeño de cinco años que ha venido junto a sus padres a conocerlo desde la provincia de Thai Binh, a más de 120 kilómetros de Hanoi.
«Este es un lugar histórico para los vietnamitas. Por eso quisimos traer a nuestro hijo a aprender sobre el pasado del país, y sobre nuestro líder», me explica Khoa, el padre, antes de perderse entre la muchedumbre que se adentra en los senderos donde, ya muy mayor, Ho Chi Minh caminaba durante horas a modo de entrenamiento, con la ilusión de poder llegar hasta el sur, atravesando a pie las montañas, para reunirse con sus combatientes.
Fue un sueño que por razones de seguridad, no le permitieron cumplir, y que acariciaría hasta el final de sus días.
Cuentan que en aquel año de 1969, el río Rojo tuvo una de las mayores crecidas que han amenazado los diques de la ciudad de Hanoi.
Con la intención de protegerlo, los médicos le sugirieron a Ho trasladarse a las montañas, a un lugar en el que no corriera peligro. Pero él no aceptó. «¿Cómo me voy a ir y dejar a mi pueblo?», dicen que expresó. Y allí permaneció junto a los suyos, entre los árboles, cerca del lago, a unos 300 metros del palacio que nunca habitó a pesar de su condición de presidente, colmado del cariño de toda una nación que no lo olvida.













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Aymee dijo:
1
15 de noviembre de 2016
07:52:36
francisco dijo:
2
15 de noviembre de 2016
08:47:15
Orlando Chirino dijo:
3
15 de noviembre de 2016
18:32:17
Miguel Angel dijo:
4
16 de noviembre de 2016
10:52:48
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