Solo pueden compararse con lo enrevesado y enmarañado del proceso electoral presidencial que está teniendo lugar ahora en los Estados Unidos, las elecciones presidenciales de 1968, conmocionadas por el asesinato de Martin Luther King el 14 de abril de ese año y las enérgicas protestas que se produjeron en todo el país; por las manifestaciones de jóvenes contra la guerra en Vietnam que forzaron la decisión de Lyndon Johnson el 31 de marzo de no presentarse como candidato presidencial a las elecciones de ese año; por el asesinato de Robert F. Kennedy el 5 de junio; y por la brutal represión desatada por decenas de miles de efectivos de la policía de Chicago y de la Guardia Nacional de Illinois y orquestada por el alcalde de Chicago y «jefe» de la maquinaria política demócrata, Richard J. Daley, contra los jóvenes que protestaban contra la amañada Convención Nacional Demócrata en Chicago entre el 26 y el 29 de agosto.
Lo que predomina hoy en los votantes es la falta de confianza en uno u otro aspirante presidencial. En la opinión pública prevalece la duda sobre la honestidad, la transparencia o las legítimas motivaciones de Hillary Clinton o el rechazo a las posiciones xenofóbicas, demagógicas y prepotentes del megamillonario que alardea de ser un exitoso empresario a pesar de las claras evidencias sobre fraudes continuados cometidos en sus aventuras como empresario.
La vida nacional se encuentra agitada, desordenada y marcada por el temor, la desconfianza y la confusión, tanto en cuando a las perspectivas de la vida futura como de la capacidad de los líderes de los grupos dominantes para hacer frente a los retos y desafíos futuros. Trump trata de sacar ventaja de este pesimismo ofreciéndose como el providencial líder que puede devolver la grandeza a los Estados Unidos. Este constituye el principal y casi único mensaje electoral de Trump.
Lamentablemente, según se avanza en el proceso electoral se convierten en cotidianas las manifestaciones de violencia en las cuales efectivos de la policía dan muerte a ciudadanos negros, como sucedió el 19 de septiembre en Tulsa, Oklahoma y al día siguiente en Charlotte, North Carolina, provocando intensos actos de protesta por parte de la población.
También se van haciendo habitual los atentados terroristas con bombas como las colocadas en Seaside Park y Chelsea en New York, por parte de un ciudadano de origen afgano; o el asesinato de cinco personas el 24 de septiembre en Burlington, Washington, por un joven inmigrante de Turquía; o el ataque del día siguiente donde fueron acuchilladas seis personas en las inmediaciones del Emerson College, en Boston; o las nueve personas heridas de bala ese mismo día en instalaciones de la Universidad de Illinois; o el criminal ataque cometido por un abogado de aparentes inclinaciones nazis en Houston al amanecer del 26 de septiembre, quien armado de una pistola y una metralleta, se dedicó a disparar selectivamente sobre personas que viajaban en sus automóviles, hiriendo a nueve de ellas antes de ser ultimado por efectivos policiales.
Aunque este tipo de hechos no pueden presentarse como una conspiración a nivel nacional, sí revelan la predisposición de elementos diversos y ubicados en diferentes lugares del territorio estadounidense que coinciden en recurrir a la violencia como forma de dar salida a los temores, frustraciones o conflictos contra otros sectores de la sociedad. Es este el contexto en que se desarrolla el actual proceso electoral.
Al cierre de agosto de este año las recaudaciones reflejan una ventaja a favor de Hillary Clinton. Sin embargo, las recaudaciones del Comité Nacional Republicano superan en cerca de un 30 % a las del Comité Nacional Demócrata. El equipo de Clinton ha recaudado 373,2 millones de dólares, más de dos veces la recaudación de Trump: 165,8 millones de dólares y los PACs que apoyan a Hillary alcanzaban para esa fecha 143,5 millones de dólares frente a 35,4 millones de dólares los de Trump. En total, las recaudaciones demócratas alcanzaban algo más de 698 millones de dólares, mientras la de los republicanos llegaban a unos 432 millones de dólares. Se estimaba que el 1ro. de septiembre la campaña de Trump tenía disponibles unos 50 millones de dólares, aunque días después el equipo anunció disponer de 97 millones de dólares en cuenta conjunta con sus aliados republicanos.
La diferencia radica en que importantes grupos de donantes republicanos, como los agrupados por los hermanos Koch y el del empresario de Las Vegas, Sheldon Adelson, han eliminado o reducido sustancialmente las promesas de entregar importantes donaciones a la campaña de Trump. En el caso de los hermanos Koch, ha incidido fuertemente el criterio de que Trump no se inspirará en verdaderas posiciones conservadoras y, por tanto, decidieron hacer fuertes contribuciones a favor de los candidatos republicanos al Congreso federal, especialmente el Senado, así como a los aspirantes a cargos de menor nivel, para garantizar el mayor control de poder posible a los republicanos.
El 26 de septiembre tuvo lugar el primer debate presidencial. Pasó sin penas ni glorias. El consenso entre los comentaristas coloca a Hillary Clinton como la «ganadora», ya que mostró una mayor preparación y dominio sobre los temas económicos, especialmente en relación con la creación de empleos, las negociaciones sobre temas comerciales, la reducción de los déficits fiscales y la reforma de los impuestos federales. Clinton logró un mayor dominio de la escena, y además colocó a Trump a la defensiva, hizo prevalecer sus argumentos y lo sacó de paso en distintos momentos del debate.
El próximo gran evento mediático de la campaña será el debate entre los candidatos a la vicepresidencia que tendrá lugar el 4 de octubre en Longwood University, en Farmville, Virginia, seguido del segundo presidencial el 9 de octubre en Washington University en Saint Louis, Missouri.
Mientras tanto, los dos candidatos se preparan para intensificar la campaña de propaganda. El equipo de campaña de Trump ha anunciado lo que representa un cambio en la táctica empleada hasta ahora. Se propone gastar 140 millones de dólares en el resto de la contienda, 100 millones lo invertirán en anuncios en la televisión y 40 millones en los medios digitales. Hasta la semana pasada, el equipo de Trump solamente había invertido 22 millones de dólares en propaganda, la que se concentrará en estados claves del «campo de batalla»: Florida, North Carolina, Ohio y Pennsylvania y otros como Michigan, Maine, New México y Wisconsin. Para poder llevar adelantes estos planes, el equipo de campaña de Trump, el Comité Nacional Republicano y las organizaciones aliadas requerirán hacer un sostenido esfuerzo de recaudación de fondos.
Por su parte, el equipo de Clinton, que hasta la semana pasada había invertido en propaganda unos 124 millones de dólares en esta etapa de las elecciones generales, tiene planes de gastar como mínimo unos 11 millones de dólares semanales.
En estos momentos, aunque los medios de difusión presentan un panorama de una cerrada lucha electoral, los indicios son favorables a las aspiraciones de Clinton.













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luke dijo:
1
29 de septiembre de 2016
22:19:35
jorge Respondió:
30 de septiembre de 2016
18:32:58
Edmundo dijo:
2
30 de septiembre de 2016
04:29:03
Miguel Angel dijo:
3
30 de septiembre de 2016
06:31:20
Elmer dijo:
4
30 de septiembre de 2016
10:37:06
Andrachi dijo:
5
30 de septiembre de 2016
12:31:11
Jorge L Gomez dijo:
6
30 de septiembre de 2016
16:40:18
Jasón dijo:
7
1 de octubre de 2016
04:50:18
Miguel Angel Respondió:
2 de octubre de 2016
05:12:05
Miguel Angel dijo:
8
2 de octubre de 2016
09:21:59
Miguel Angel dijo:
9
2 de octubre de 2016
11:02:50
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