ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

CARACAS.- Venezuela sigue siendo un gran laboratorio en tiempo real. Una tras otra las probetas y los tubos explotan los ensayos en la cara de los desesperados enemigos de los pueblos, pero insisten, obstinados, en fabricarles la muerte.

Han practicado todo tipo de conjuros e invocado, para ese fin, a todos los pobres diablos que ambicionan el jugo —ni siquiera una tajada, se conforman con un sorbo— de esta joya de país que es Venezuela: petróleo, gas, minerales, agua, playas, montañas, selva, tierras de extensiones fértiles y paisajes insólitos para un turismo rentable.

Los que sobre la nación practican la ciencia del boicot a toda costa no tienen banderas; pues hasta para esquilmar necesitan el dictado de un agente con pasaporte extranjero, cuando no sean ellos quienes paguen sus visitas más allá de los mares, en busca de instrucciones.

Los tiempos son otros, pero la cúpula burguesa de la Venezuela actual sigue fiel a una herencia de despojo que cosecha los mejores beneficios en bolsillos foráneos. Ellos cobrarían, como siempre, los aguinaldos de la participación y el entreguismo, pero de cualquier manera más jugosos en términos contables que las libertades permitidas por una Revolución.

Quizás por eso han sido recalcitrantes en su odio de 17 años, y al cabo del periodo no escatimaron en echarle mano a cualquier escaramuza que al menos les hiciera imaginar la derrota de ese largo proceso bolivariano de reivindicación popular iniciado por Hugo Chávez.  

Antes ensayaron el golpe militar, secuestro del presidente, sabotaje petrolero que sacudió los cimientos materiales del país, elecciones revocatorias, orquestaciones mediáticas, revueltas violentas que simularan caos… pero nunca con la saña y premeditación que puede verse hoy.

Los capítulos actuales parecen los actos de una cuidadosa obra de teatro montada para un crescendo perfecto de dramaturgia trágica: los oligarcas forzarán la paralización productiva de los bienes básicos de vida —primero esos, luego todos cuanto se puedan—, alentarían la escasez y la inflación mientras vociferarán inculpando al Estado, crearían un mercado paralelo de divisas que promoviera la fuga de capitales y la devaluación del bolívar fuerte (moneda nacional), en tanto la campaña de descrédito sataniza al Gobierno por no cederles a ellos las mismas cifras en dólares que antes se embolsillaron y lavaron, al amparo de la necesidad de importación.

Tendrían el contexto ideal de una cotización petrolera por el piso, fatal para un país que vivió más de un siglo de la renta del oro negro. Así maniatarían al Estado de los recursos vitales, no solo para mantener el compás económico normal más todo el gasto colosal de las misiones sociales que fundó el chavismo en el poder; sino para responder con cierta contundencia a las necesidades básicas del pueblo, que empezaría a sufrir gravemente la carencia artificial fomentada por el sector productivo privado y sus aliados foráneos.

¿La idea?: crear un ambiente de zozobra que desmotive, prenda la conspiración, dé vuelta a los cañones contra “el oficialismo culpable del hundimiento del país”, tan bien publicitado por los medios rentados de la comunicación.

Si hablamos de consecuencias, los conjurados lograron con acierto montar la escena premeditada; pero a pesar de los guiones, aun ni se acercan al desenlace esperado.

Con la victoria electoral en los comicios parlamentarios, la oposición creyó tomar el resorte político clave para tumbar de una vez el gobierno de Nicolás Maduro. Incluso plazos breves fijaron en público, y fue tanto el encono del discurso y el abandono tal de su esencia legislativa, que al cabo de ocho meses no han hecho sino cosechar un colosal descrédito hasta en el seno de sus electores. Hoy la Asamblea Nacional apenas se menciona en las noticias.

Poco a poco, la capacidad de respuesta del gobierno también pasó de la resistencia a cuentagotas a una agenda ofensiva de producción y atracción de inversiones, que pondría el dinero en los sectores claves de la economía con las mayores y más rápidas posibilidades de multiplicar las ganancias en bienes y en divisas.

Con la estimulación financiera para el desarrollo combinado del potencial local (manufacturas, agricultura urbana y extensiva, materiales de construcción, producciones en el marco del consejo comunal) y el potencial nacional (explotación del llamado Arco Minero, activación de industrias abandonadas por sus dueños, impulso del turismo a gran escala), el país parece situado en el camino de solventar sus arcas sin descuidar el sostén de la inversión social, de dar un golpe visible al juego de la escases inducida y de desplazar el viejo esquema de la dependencia rentista de un petróleo que, como alegre detalle, apunta a la recuperación paulatina de su precio.

Algo de esto están temiendo con notable evidencia los furibundos contrarios del Gobierno Bolivariano, pues sus últimas estrategias de acción provocadora dan demasiadas señales de un desespero similar a una carrera contra el tiempo.

El revocatorio presidencial, por ejemplo, es la iniciativa más vociferada, pero nadie entiende por qué demoraron tanto en promoverla, cuando tuvieron los plazos suficientes para lograr que se hiciera este año.

¿Por qué esperaron a que no fuera legalmente posible? ¿Por qué delatan con tal desfachatez el fraude en la recolección de firmas? ¿Por qué convocan a una manifestación para la misma fecha en que estaban previstos atentados violentos a cargo de personeros rentados? ¿Qué pretendía un campamento paramilitar de 92 mercenarios con armas de alta precisión, bombas, miles de dólares falsos y verdaderos, desmantelado a una distancia breve del Palacio Presidencial de Miraflores, y que actuaría el propio día de la marcha opositora?      

Es fácil apreciar las estrategias en juego. El historial de golpes continuados en América Latina revela que Venezuela se ha vuelto un polígono de ensayos para intentar la más ingeniosa cruzada de desestabilización, que combine todas las escaramuzas; no porque lo pensaran así desde el principio, sino porque ninguna, por separado, les deparó el saldo anhelado.

No hay un golpe en gestación, siempre lo hubo. Lo habrá mientras Venezuela sea un país en Revolución.

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