
Solo es cuestión de tiempo para que un terremoto de gran intensidad golpeé la zona metropolitana de Tokio, con cerca de 14 millones de habitantes. Según los cálculos oficiales, podrían morir más de 20 000 personas y 700 000 edificios quedarían destruidos.
El sismo inhabilitaría las principales carreteras de la ciudad, y millones de trabajadores y turistas no tendrían cómo regresar a sus casas. A partir de entonces serían considerados refugiados.
“Existe un 70 % de probabilidades de que un terremoto de más de siete grados en la escala de Ritcher afecte la ciudad en un plazo de 30 años”, aseguraron a Granma expertos del Centro de Gestión contra Desastres de Japón.
El registro histórico no deja margen a duda. La pregunta no es si pasará, sino cuándo. “Siempre estamos amenazados, por eso es importante tener las estrategias bien definidas”, refiere Norihiro Sakamoto, uno de los encargados de promover en las comunidades la percepción de riesgo.
Solo por el cruce de Shibuya, uno de los principales centros comerciales de la ciudad, transitan cinco millones de peatones al día. Pero mientras ellos se dirigen a las actividades cotidianas, hay otros miles de personas dedicadas las 24 horas a velar por su seguridad.
El Centro de Gestión contra Desastres de Japón no tiene una tarea fácil. Entre el 2004 y el 2013, cerca del 20 % de los 1 629 sismos de gran intensidad que ocurrieron en el mundo afectaron el país de una u otra manera.
Las islas que componen el archipiélago nipón están ubicadas en una de las zonas más activas del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico. Con apenas una fracción de la superficie global, cuentan con el 7 % de todos los volcanes activos del mundo.
Además del riesgo latente de los terremotos y tsunamis, Tokio también podría ser afectada por erupciones volcánicas, tifones e inundaciones por lluvias intensas.

UNA HISTORIA DE ADVERSIDAD
Conocida como Edo antes de convertirse en la capital japonesa en 1868, año de la restauración Meiji, la ciudad sufrió innumerables desastres. Se calcula que en el Gran Incendio de 1657 murieron alrededor de 100 000 personas. La mayoría de las casas eran de madera y se construían muy cerca unas de otras, lo cual hizo imposible cortar la propagación de las llamas.
Otros desastres fueron la erupción del monte Fuji en 1707 y el terremoto del Gran Edo en 1855, entre otros de considerable intensidad ocurridos en 1703, 1782 y 1812.
La tecnología moderna y las políticas preventivas han reducido el número de muertos, pero la fuerza de los movimientos de tierra y las olas gigantescas continúan siendo la principal causa de muerte por desastres naturales en el país.
De hecho, más del 90 % de los 28 000 fallecidos en los últimos 20 años han sido a causa de terremotos o tsunamis. Le siguen con mucha menor cuantía las inundaciones y las afectaciones por la nieve.
Japón es un país reconocido por aplicar estrategias novedosas ante los retos de la naturaleza o la historia. Después de concluida la Segunda Guerra Mundial —que dejó varias ciudades convertidas en cenizas por bombardeos nucleares y convencionales— el país comenzó a implementar fuertes estrategias de prevención.
El promedio anual de fallecidos por todo tipo de desastres naturales entre 1960 y 1993 fue inferior a 300, en gran medida por las exigencias de seguridad en la construcción y la inversión en infraestructuras de mitigación.
Pero en marzo del 2011, Japón sufrió un triste recordatorio de que la naturaleza siempre está un paso delante de los hombres. Un temblor de tierra, de magnitud 8,9 en la escala Richter, afectó el norte del país y provocó un gigantesco tsunami, con olas que llegaron a los diez metros de altura y barrieron la costa noreste.
Más de 21 000 personas fallecieron a causa de los derrumbes y las inundaciones costeras. Tokio, a 373 kilómetros de distancia del epicentro, también sufrió daños materiales y humanos.
UNA VISIÓN HASTA EL 2020
A finales del 2011, el Gobierno Metropolitano hizo público Tokio Vision 2020, un programa que venía a completar el ambicioso plan de diez años (2007-2016) conocido como el Gran Cambio de Tokio. La estrategia era parte de la candidatura para los Juegos Olímpicos del 2020, que finalmente obtuvo.
Con la atención global una vez más puesta sobre la ciudad que acogió la cita estival de 1964, todo un hito tecnológico para la época, el plan otorga máxima prioridad al desarrollo de infraestructuras y políticas relacionadas con la prevención y contención de posibles desastres.
Conseguir que para el 2020 el 100 % de los edificios e infraestructuras urbanas de la urbe posea medidas antisísmicas es uno de los ambiciosos objetivos. Aunque a la altura del 2013 el 30 % de las escuelas y el 40 % de los hospitales carecía de las estrictas condiciones establecidas, entre este año y el próximo se espera alcanzar la meta fijada.
El edificio más alto de Tokio, la torre de televisión Skytree, es un símbolo de los estándares a los que se aspira. Inaugurada en mayo del 2012, la edificación de 634 metros de altura es capaz de resistir los peores terremotos y tifones que se hayan registrado.
Un núcleo cilíndrico de hormigón armado en el centro de la torre está aislado de la estructura de acero periférica, lo cual hace que la parte superior funcione como un contrapeso al movimiento del viento o el que provoca un sismo.
Aunque el diseño es de vanguardia a nivel internacional, se basa en un principio aplicado en las pagodas tradicionales japonesas. Algunas de ellas llegan a elevarse hasta cinco plantas y son muy pocas las que han sucumbido a la fuerza de un terremoto gracias al Shimbashira o columna central.
El Skytree es la principal fuente de transmisión de radio y televisión en la región, de ahí su trascendencia en casos de emergencia. Pase lo que pase, tiene que seguir transmitiendo para mantener informados a los ciudadanos.
Entretanto, para prevenir o reducir los desastres provocados por los tsunamis, se han desarrollado diques costeros y portones de prevención de mareas. Cuando se espera que uno de estos fenómenos cause daños costeros, la Agencia Meteorológica de Japón emite una alerta dos o tres minutos después del sismo original y le siguen anuncios sobre el tiempo estimado de llegada y la altura.
Esa información es transmitida inmediatamente a las organizaciones de manejo de desastres y a los medios de comunicación, luego a los residentes y embarcaciones marítimas.
Tras el gran terremoto de Japón del 2011, seis de las esclusas que componen el sistema no se llegaron a cerrar. En base a esta experiencia, la Ley incluyó una ampliación de los sistemas de observación, educación y entrenamiento y estableció la construcción de facilidades de evacuación. También se formularon planes para restringir el desarrollo en las zonas de inundación.
En la actualidad el Departamento de Construcciones del Gobierno Metropolitano de Tokio está creando varios súperdiques para controlar el nivel de las aguas del mar y de los ríos que circundan la ciudad.
Junto a los diques, las esclusas situadas a lo largo de la bahía desempeñan un papel fundamental en el control de las aguas en caso de desastre natural.
A 40 metros de profundidad, la ciudad cuenta además con un túnel de 4,5 kilómetros de extensión y 12,5 metros de diámetro, que es capaz de almacenar agua en situaciones de emergencia y luego bombearla de vuelta a los ríos cuando las condiciones climáticas son mejores.
Los medios de transporte también son claves a la hora cero. Gracias a la tecnología con la que cuenta Tokio, las líneas de metro y ferrocarril de la ciudad paralizaron sus servicios antes de que el temblor del 2011 alcanzara la ciudad.
Tokyo Metro ha implementado su programa de prevención añadiendo en todas las estaciones de su red suministros de emergencia como botellas de agua y mantas de aluminio para hasta cien personas, además de baños portátiles y otros utensilios de primera necesidad.
A pesar de las multimillonarias inversiones en tecnología, los especialistas del Centro de Gestión contra Desastres de Japón coinciden en que lo más importante es la respuesta de la población.
Los tokiotas están acostumbrados a los simulacros de emergencia y a convivir con los planes de seguridad desde muy temprana edad.
Los objetivos fundamentales del Centro son hacer hincapié en simular las condiciones del desastre antes de que ocurra; la participación activa en cada poblado; elevar la concientización popular sobre el alcance de los desastres naturales y tener comunicación con la población desde el nivel comunitario.
El concepto es que cada persona tiene que hacer las cosas correctas para preservar su vida, sin esperar a ser rescatados.
La ciudad en cifras
14 millones de habitantes en el área metropolitana
6 000 habitantes por kilómetro cuadrado
6 000 toneladas de pescado se consumen al día
2 800 millones de usuarios anuales en el metro subterráneo
160 000 restaurantes















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Skeletor dijo:
1
9 de septiembre de 2016
08:37:50
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