CARACAS.—A los mismos decibeles y con la exageración dramática que delata el desespero en la gente que vocifera y escupe rabia al hablar, tuerce los ojos, se pone rubicundo y cierra los puños mientras promete venganza, la oposición venezolana ha modulado los tonos con que anuncia la Gran Toma de Caracas prevista para el 1ro. de septiembre.
Según afirman sus más enconados voceros —que son muchos y bien pagados, desde los cabecillas políticos visibles hasta los diarios, emisoras y canales de televisión rentados—, la marcha de este jueves reunirá en la urbe capitalina a gente de todos los estados del país para exigir la realización este año del ejercicio revocatorio contra el presidente constitucional Nicolás Maduro.
Pero a juzgar por los antecedentes que en el pasado reciente y no tan reciente dieron fe de las apuestas que siempre hicieron las movilizaciones públicas de la derecha, nadie se traga el cuento de que la actual movida va a atenerse a los límites racionales de una manifestación pacífica.
Cuando ya está cantada con sobrada fundamentación la imposibilidad legal de realizar en el 2016 el referendo contra el mandatario, en apego a los plazos fijados por la Constitución, la marcha para exigir no pasa de ser un cartel propagandístico enarbolado para enmascarar, al menos en la etapa del anuncio de la convocatoria, los planes arteros de provocación y violencia que subyacen en la pretendida movilización del 1ro. de septiembre.
No se trata de simples inferencias apoyadas solo en el historial de un sector agriado y avezado en promover conspiraciones, o en las denuncias políticas del golpe en gestación que oportunamente han revelado altas figuras del chavismo en el poder, incluido el propio jefe de estado. Lo dicen las pruebas que han venido aportando en los últimos días los servicios de inteligencia y el desmontaje operativo de varias acciones paramilitares que aprovecharían el contexto desestabilizador construido para el jueves.
Verdaderamente serios y preocupantes resultan los hechos descubiertos por los cuerpos de investigación en los últimos días.
El primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, reveló la captura de un dirigente opositor fichado por acciones desestabilizadoras en años anteriores, en cuyo poder se encontraron ahora cordones detonantes para explosivos.
El miembro del partido Voluntad Popular, quien al decir de Cabello recibió en el 2007 una suma de medio millón de dólares para salir de Venezuela, está involucrado en un complot para generar violencia durante la marcha.
A la par, en el cercano estado de Carabobo fue desarticulado un grupo de personas que trasladaban facsímiles de armas y uniformes militares que vestirían de manera ilegal para simular un ataque a las facciones que efectuarían protestas en la entidad, y así desencadenar una reacción con fuego real por parte de los marchistas, que generaría lesiones, daños materiales y daría pie a un argumento mediático de acusación contra las fuerzas del orden y la complicidad del gobierno.
Sin embargo, el suceso que más revuelo ha causado, incluso más allá de fronteras, fue la reclusión en un centro penitenciario del exalcalde opositor Daniel Ceballos, vinculado directo con las guarimbas de hace dos años y quien permanecía bajo arresto domiciliario.
Ceballos fue puesto tras las rejas al conocerse un plan de fuga para luego integrarse a la conducción de las acciones desestabilizadoras que sucederían a la manifestación opositora.
Lo insólito del caso es que al hacerse pública la aprehensión, no demoraron las reacciones del gobierno norteamericano, que en palabras temerarias e injerencistas del vocero del Departamento de Estado, John Kirby, calificó el acto como esfuerzo para intimidar y obstaculizar a los manifestantes contrarios al poder revolucionario.
Abiertamente, la declaración refrenda la participación de los Estados Unidos en la fragua conspirativa de la derecha venezolana, un vínculo que otra vez advertido en la respuesta inmediata del Ministerio de Relaciones Exteriores de la nación sudamericana, en actitud de absoluto rechazo afirmó mediante una nota: “ha quedado en evidencia la marca y autoría de golpe de Estado planificado para este venidero 1ro. de septiembre del 2016, que en complicidad con la oposición antidemocrática y la derecha internacional, intenta reeditar el gravoso expediente de agresiones y muerte, que ya en el 2002 derrotó con valentía y dignidad el pueblo venezolano.
Demasiados antecedentes para tantas señales parecidas. Ningún otro contexto en la región asemeja el cuadro del viejo Plan Cóndor, con un viceministro boliviano asesinado, una Dilma separada de un cargo presidencial a merced de una componenda articulada por senadores aliados, un Macri neoliberal que despoja en poco tiempo a su país de beneficios conquistados, y por supuesto, la codiciada Venezuela puesta bajo la presión de una oligarquía tarifada que condena a la escasez a sus propios coterráneos, para intentar eyectar del poder a la Revolución chavista.
En apenas horas, las calles de Caracas volverán a tener sobre sí los ojos del mundo, convocados por un show mediático que sataniza al Gobierno Bolivariano y entre otras cosas, distrae la mirada de conflictos gravísimos que en varias latitudes incluso puertas adentro de la potencia del Norte cobran en miles de vidas las consecuencias de la intriga y la arrogancia.
Los viejos guiones del golpe apuntan a un escenario peligroso para el jueves. La instigación tiene los mismos rostros conocidos, las mismas mañas de intentonas anteriores, como las del propio diario El Nacional que en abril del 2002 convocó desde su primera plana con explícita afiliación: La batalla final será en Miraflores. Ahora publica con saña similar: 1S- Comienza el final.
La expectativa, sin embargo, no depende solo ni de los antecedentes ni de lo que pueda hacer a su antojo el lado conspirador. Fiel al Gobierno, por encima de las carencias cotidianas a las que está sometida debido a una guerra económica artificial, una masa revolucionaria ha tomado las calles desde antes, y en sucesivas marchas reafirma que no permitirá el libertinaje ni la usurpación, mientras proclama su deseo por la paz.
Ciertamente ya no es el mismo país: ni el del 2002 con una fuerza armada minada por la deslealtad, ni el del Gobierno tomado por sorpresa con las revueltas guarimberas del 2014; pero el desespero de los mismos oligarcas y sus herederos tarifados ha demostrado que no miden consecuencias, aunque el precio sea la sangre y la violencia. A eso apuesta el cóndor resucitado que sobrevuela Caracas, en su ruta de rapiña sobre los pueblos de la América actual.













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viatri dijo:
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31 de agosto de 2016
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31 de agosto de 2016
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Pie grande Respondió:
1 de septiembre de 2016
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Alonso Martinez dijo:
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31 de agosto de 2016
17:02:24
boltrod dijo:
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1 de septiembre de 2016
04:57:37
boltrod dijo:
7
1 de septiembre de 2016
05:00:13
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