ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Somalia no ha vivido un minuto de tranquilidad desde hace cerca de tres décadas. Foto: AP

Guerras, inundaciones, sequías y abandono humanitario hacen que miles de personas mueran diariamente en Somalia, un país africano que existe y no existe, debido a tantas divisiones, ocupaciones y agresiones extranjeras, hasta el punto de que Israel tenga una base allí para asegurarse hegemónicamente en la región del Cuerno Africano.

Muchos soldados de la Organización de la Unidad Africana han pasado o se encuentran en la sufrida nación, que no conoce la paz desde hace décadas y es virtualmente ignorada por la prensa occidental, excepto cuando vinculan cualquier ataque terrorista con la organización Al Shabab o “Los Muchachos”.

A este ente se le achacan conexiones con todo lo malo habido y por haber, desde el Estado Islámico hasta Al Nusra, pasando por Boko Haram. Esta organización, integrada ma­yormente por jóvenes, no deja de em­plear el terrorismo ciego que tanto daño hace, principalmente a quienes no tienen nada que ver con el asunto. Por otro lado, han ganado tanta fuerza, que han puesto en jaque en múltiples ocasiones a tropas mejor pertrechadas que ellos.

En este contexto, los continuados gobiernos impuestos por Estados Unidos en Moga­discio, la capital, nunca han podido controlar mucho territorio, a pesar del servicio que prestan los drones imperialistas, con sus  secuelas de “daños colaterales”.

En el fondo de todo esto, además de la siempre búsqueda de riquezas ajenas, se en­cuentra la venganza de la derrota sufrida por sus marines en la invasión al principio de la década de los 90 del siglo pasado al territorio somalí.

Se hace necesario relatar o recordar que la denominada guerra civil, en la que, subrayo,  participan  países limítrofes con armamento suministrado por Estados Unidos, comenzó tras la caída de la mal llamada república socialista y la dictadura pronorteamericana de Mo­hammed Siad Barré el 26 de enero de 1991. Poco antes de caer este, se habían concedido derechos de exploración petrolera sobre dos tercios del territorio a las compañías Conoco, Amoco, Chevron y Phillips.

Después de su derrocamiento, se produjo un movimiento contrarrevolucionario para tra­tar de restablecerle como líder del país. La cada vez más violenta y caótica situación devino en una crisis humanitaria y un estado de anarquía.

Posteriormente, durante 1991, la región de Somalilandia se declaró independiente, buscando aislarse de los violentos combates que se desarrollaban en el sur, aunque su soberanía no fue oficialmente reconocida por la comunidad internacional. La misma abarca la sección noroeste del país (entre Yibuti y el noreste de la zona conocida como Puntland).

Las resoluciones 733 y 746 del Consejo de Seguridad de la ONU condujeron a la creación de UNOSOM, la primera misión para proveer ayuda humanitaria y colaboración para restablecer el orden en Somalia, luego de la disolución de su gobierno central.

La resolución 794 del Consejo de Se­gu­ridad de la ONU, del 3 de diciembre de 1992, aprobó la formación de una coalición de fuerzas de paz de las Naciones Unidas,  lideradas por Estados Unidos e Italia, llamada UNITAF, la cual tenía la tarea de asegurar que la ayuda humanitaria fuera distribuida en el país y que se restableciera la paz en Somalia.

Las tropas de la ONU desembarcaron en 1993 y comenzaron sus operaciones durante un periodo que duró dos años (principalmente en la zona sur) para mitigar presuntamente las condiciones de hambruna.

Para que se vea el verdadero papel de Es­tados Unidos, la compañía Conoco le cedió sus oficinas corporativas en Mogadiscio, con el fin de que los representantes del entonces gobierno de Bush padre, le facilitaran el control de las concesiones petroleras.

Pero los diversos grupos rebeldes no iban a dejar tranquilas a las “fuerzas de paz” de las Naciones Unidas, a las que causaron centenares de bajas mortales,  entre ellas norteamericanas (se barajan cifras de entre 31 y 192), principalmente en la batalla de Mogadiscio, que inspiró el libro Black Hawk Down, y la película homónima. Allí se muestra la retirada “apresurada” (huida) de las tropas de Naciones Unidas, principalmente de Estados Unidos.

Desde entonces, hace 23 años, no hay un gobierno efectivo y no ha habido ni un minuto de descanso en el desplazamiento de millones de civiles, que, sin otra alternativa más digna y viable, nutren las filas de “Los Muchachos”.

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Armando Cardona dijo:

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24 de agosto de 2016

14:47:23


Veintitrés años es tiempo de sobra para que la ONU haya jugado un papel más decisivo y preponderante para resolver el triste caso de Somalia. No quiero pensar que la dejadez se debe a prejuicios que la comunidad internacional debe haber superado hace tiempo. Excelente reportaje pero triste por demás la situación del pueblo somalí.