ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
El doctor Tito Díaz, coordinador subregional de la FAO para Mesoamérica, señaló que la rama pecuaria en América Latina y el Caribe genera un valor de más de 79 mil millones de dólares anuales y crece por encima del promedio mundial, pero que se necesita que ese sector contribuya efectivamente a la seguridad alimentaria de la subregión. Foto: Anabel Díaz

Panamá.— Diálogo, consenso y compromiso devinieron sustantivos de cabecera en las postrimerías de junio último (del 20 al 23) en la capital de esta nación centroamericana, la cual fuera anfitriona de la 6ta. Reunión de la Asociación de Múltiples Partes Interesadas, de la Agenda Global para la Ganadería Sostenible.

El 21 de junio —en el marco de esa cita internacional— Cuba había rubricado, al igual que Etiopía, el documento de adhesión a la Agenda Global para la Ganadería Sostenible, con lo que esta iniciativa mundial extendía a 62 la lista de sus miembros formales.

Hacia las lecturas que ofrece ese evento, y que hoy enrumban sus pasos de concreción en una plataforma de trabajo coordinada, enfoca su objetivo ahora Granma Internacional.

UN FORO CON ALMA Y OJOS DE REGIÓN

Paralelo al evento, sesionó un espacio que redirigió su foco y los titulares del día 22, con mirada de región, a los desafíos de política pública en América Latina y el Caribe, de cara a una agenda de ganadería sostenible para el área que articule coherentemente la tecnología, la inversión y el financiamiento, como simientes y garantes de la sostenibilidad.

Ese fue el plato fuerte servido, justamente, en el Fórum donde intervinieron ministros y parlamentarios de nuestra geografía regional, que tiene el reto por delante de seguir siendo el puntal productivo de alimentos a 360 grados del planeta, pero también de desaparecer el hambre de la faz y el estómago de sus 34 millones de habitantes que la padecen. Aun cuando ello no contradice la senda de logros registrados por la región en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el 2015.

No obstante, la actual Agenda de Desarrollo Sostenible, con 17 objetivos más ambiciosos —en el buen sentir humano de la palabra—, redescubre la pertinencia de trazarnos metas que articulen políticas públicas en aras de garantizar la salvación de nuestra especie. Y cómo alimentar a los millones de estómagos de una población mundial que crece a cada minuto, se postula entre los desafíos más medulares.

Así lo aseveró durante el Fórum el doctor Tito Díaz, coordinador subregional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para Mesoamérica, y comentó además que el sector pecuario en América Latina y el Caribe genera un valor de más de 79 mil millones de dólares anuales y crece por encima del promedio mundial. Sin embargo, la interrogante que debe formularse ahora es cómo contribuir, desde esta actividad de gran impacto, a la seguridad alimentaria de quienes la habitan.

Ello se traduce en la gestión de un cambio de paradigma en la forma de hacer ganadería en la región, con la participación real y el compromiso tangible de los gobiernos, los productores, académicos, sociedad civil, organizaciones, y grosso modo con el concurso del sector público y el privado. Y donde el análisis económico jamás pierda de vista el alcance social y ambiental, remarcó Díaz, también secretario de la Conferencia Regional de la FAO para América Latina y el Caribe.

Según compartió, el marco de esa agencia de las Naciones Unidas —que está en sintonía con las solicitudes de sus países miembros— se concentra en el fortalecimiento de políticas públicas y marcos institucionales para el desarrollo pecuario sostenible, a través de tres áreas: mejorar la contribución del sector a la seguridad alimentaria y nutricional, a la reducción de la pobreza rural, y tercero, el manejo sostenible de los recursos naturales, la gestión de riesgos y la mitigación y adaptación al cambio climático.

Ecuación que incluye elementos transversales a estos temas como son el conocimiento, la investigación e innovación; la información y el análisis adecuado para la toma de decisiones; además de las ineludibles políticas de inversión y financiamiento, que hacen realizables en la práctica esas proyecciones. Estos ingredientes sirven de abono clave al fértil terreno de la cooperación, pues una divisa esencial es la solidaridad entre nuestras naciones.

“Es más barato comenzar a invertir en temas de mitigación y adaptación que no hacer nada”, acotó Díaz. De lo que se lee una clara advertencia de la factura que llegará después como especie, y quizá a esas alturas de la historia sea impagable.

A continuación el señor Ren Wang, subdirector agrícola de la FAO, reconoció a los participantes por su preocupación y ocupación por el tema que los trajo a este evento en Panamá, y enfatizó que la razón de ser y hacer de esta Agenda Global para la Ganadería Sostenible apunta a su armonización con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y el acuerdo del Club de París sobre cambio climático, porque esa plataforma mundial “está en las manos de los miembros, de los socios, de las múltiples partes interesadas” que le dan vida.

Estamos aquí para compartir conocimiento y mejores prácticas. Hoy tenemos un trabajo de resumir, de pensar qué vamos a hacer y cuál es nuestra nueva dirección, recalcó Wang.

En tanto el viceministro de Ganadería de Paraguay, Marcos Medina, destacó que la región latinoamericana y caribeña resulta el mayor productor de proteína de origen animal del orbe y tiene una significativa participación en las exportaciones globales de los rubros ganaderos.

En un mundo que prevé albergar en su vientre para el 2050 a unos 9 600 millones de habitantes, de acuerdo con la FAO la producción mundial de alimentos deberá estar a la altura de ese crecimiento de la población global, con el incremento de más del 70 % de sus cómputos actuales, insistió Medina. Para América Latina, “la granja del mundo”, producir alimentos para la humanidad no es solo una oportunidad, sino en un compromiso y una responsabilidad, acentuó Medina.

En el fructífero debate también participaron —entre otros altos representantes— Julio Calderón, secretario ejecutivo del Consejo Agropecuario Centroamericano; Jorge Arango, ministro de Desarrollo Agropecuario de Panamá; y Ángel Estévez Bourdied, ministro de Agricultura de República Dominicana, país que ocupa la presidencia pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

En representación de Cuba, el director de Ganadería del Ministerio de Agricultura, Aldaín García, realzó la disposición de la nación caribeña a colaborar en estos temas, al tiempo de enfrentar y resolver sus retos como país. Observó en lo referido a las políticas públicas cómo el gobierno de la Mayor de las Antillas ha entregado en usufructo alrededor de un millón y medio de hectáreas para incentivar la producción agropecuaria. Las sostenibilidad no ha sido un slogan, sino una respuesta necesaria —junto a la investigación científica en función del sector— para un estado que ha permanecido bloqueado por más de 50 años.

Dentro de los más fértiles saldos del Fórum, trascendió la aprobación a este nivel de la Declaración Ministerial de la región, que incluye la visión estratégica de política pública para su área de actuación y contribuirá a las plataformas de trabajo de otras instancias regionales y subregionales.

CUANDO CENTROAMÉRICA CONDUCE A ROMA

El quantum de impacto del intercambio entre ministros y parlamentarios del área latinoamericana y caribeña, se hizo sentir también en Roma, cuando el 30 de junio se dieron cita en la capital de la República italiana representantes de alto nivel en una reunión organizada (además de esa agencia de la ONU) por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y el programa Mundial de Alimentos.

El punto neurálgico de la agenda llevada a italiana —donde tienen su sede oficial esos tres organismos especializados de las Naciones Unidas— este encuentro fue cómo enfrentar la repercusión de los efectos del fenómeno meteorológico El Niño en el Corredor Seco de América Central.

Según un informe de la FAO, las secuelas son devastadoras para la agricultura en ese Corredor, el cual ha padecido una de las peores sequías de las últimas décadas. Esta ha conducido a un estado de inseguridad alimentaria a 3,5 millones de personas. La situación revela, asimismo, que en las naciones más afectadas —El Salvador, Guatemala y Honduras— dependen de ayuda alimentaria unos 2,8 millones de seres humanos.

A todas luces, la brújula de la reunión fijó su norte en una plataforma de acción a largo plazo, capaz de encarar los desafíos estribados de El Niño, así como de crear resiliencia en pos de la seguridad alimentaria y nutricional de los sectores más sensibles.

De acuerdo con el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en la apertura de la cita: “el desafío al que se enfrenta el Corredor Seco no es solamente el cambio climático: sino también la pobreza extrema y la inseguridad alimentaria y nutricional”. E instó a “cambiar la estrategia de la respuesta tradicional y hacer frente a las causas estructurales de la pobreza y la inseguridad alimentaria en el Corredor Seco Centroamericano, y no conformarnos con simplemente montar una respuesta humanitaria cada vez que se produce una situación de emergencia”, destaca un reporte de ese organismo internacional.

Kanayo F. Nwanze, presidente del FIDA, dijo que aun cuando es perentoria una respuesta humanitaria a quienes han sido víctimas de los efectos de El Niño, “la única manera de garantizar la seguridad alimentaria futura en la región, es invertir en desarrollo a largo plazo para ayudar a las personas a ser más resilientes ante los impactos”.

Por su parte, la directora ejecutiva del PMA, Ertharin Cousin, conectó la efectividad de las acciones con la unidad entre los múltiples actores, apostando más por la prevención y las medidas de mitigación previas a los desastres naturales que a las respuestas de emergencia.

Durante un diálogo previo con este periódico. El doctor Tito Díaz puntualizaba el alcance de este tópico que deviene desafío común para la subregión. “Tenemos naciones que comparten ecosistemas, como estos cuatro países del Corredor Seco (Guatemala, Honduras, Nicaragua y El Salvador), que están en una zona realmente de condiciones ambientales bien difíciles, pero que además, son los cuatro países más pobres de Centroamérica”.

“Es decir, también hay una relación entre degradación del recurso natural y pobreza. El tema es que, en general, los pobres han sido desplazados paulatinamente a las zonas más degradadas, entonces está el reto de cómo manejar eficientemente esos recursos para evitar los problemas de degradación”, reforzó el coordinador subregional de la FAO para Mesoamérica.

Destejiendo las enseñanzas y retos que estos eventos entrañan, el sentido común apunta a las alianzas en función de metas compartidas; a alimentar más lo que nos une como especie, que lo que nos separa en la geografía; a conjugar la inteligencia individual en beneficio colectivo. Y sobre todo, a no aplazar en el tiempo las soluciones a formular desde ya, conscientes del imperativo que se repite, de país en país, para nuestra casa-mundo: un cambio conductual volcado hacia la resiliencia y el desarrollo. Pero un desarrollo que se erija sobre los pilotes de la sostenibilidad. Esa en cuyo puño descansa el sello de la salvación del género humano.

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