DAMASCO, Siria.—La propaganda es intensa cuando se habla de refugiados y desplazados por la guerra impuesta a Siria desde el exterior, pero el tema con todo el dramatismo solo es posible atraparlo en los territorios donde sucede.
Cifras de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), señalan que unos cuatro millones malviven fuera de Siria sobre todo en países vecinos como El Líbano, Iraq, Jordania, Turquía y Egipto.
De igual forma, se menciona con insistencia que proceden de zonas rurales donde se enfrentan el Ejército sirio, sus aliados y la defensa popular con los grupos terroristas.
Asimismo, hay múltiples versiones sobre la necesidad de que los países donantes u organizaciones humanitarias envíen hacia territorio sirio los 6 000 millones de dólares necesarios y largamente prometidos para suplir en parte la asistencia a los refugiados.
Hasta ahí son palpables las preocupaciones y entonces comienzan las preguntas sobre el por qué tanta divulgación de desplazados hacia el exterior y tan poca acerca de los más de seis millones que dentro de su propio país, han tenido que emigrar.
Siria, antes de la crisis desatada hace cinco años, albergó de manera abierta y casi sin restricciones a más de medio millón de palestinos, a los cuales les crearon condiciones estables de salud, educación y participación social.
El estallido de la crisis y la violencia desatada condujeron a un desfase dramático en la existencia de esos ciudadanos que se extendió con fuerza a los propios sirios en las 13 provincias del país.
A escala menor, la localidad de Jededet Artuz, a 35 kilómetros al sur de Damasco, es tal vez en toda Siria, uno de los mejores ejemplos de lo sucedido.
Mohamed Marahiyed, alcalde de la población y Musa Lutfi, encargado de la atención a los desplazados, explicaron a PL, algunas de las causas y los programas de atención al respecto.
En Jededet Artuz vivían cerca de 25 000 personas de todas las creencias, con seguridad y estabilidad. Ahora, la cifra es asombrosamente superior: recibieron en cuatro años a casi 200 000 desplazados de casi todo el país.
Sin espacio para la improvisación, con el apoyo del Gobierno, la Media Luna Roja Árabe Siria, la Cruz Roja Internacional, Naciones Unidas y varias organizaciones no gubernamentales, mantienen y desarrollan un programa de asistencia humanitaria estable, sin discriminaciones religiosas o de otro tipo.
En medio de un recorrido por uno de los tres centros habilitados, hablaron de las posibilidades de acceso mínimo a recursos de agua potable y energía eléctrica, servicios que les ofrecen gratuitamente y de acuerdo con las posibilidades reales.
Los estimados educacionales, tanto para pobladores originarios del lugar como a los desplazados, llegan casi a 10 000 plazas de enseñanza primaria y media superior, cifras que sobrepasan las posibilidades existentes, lo cual obliga a
buscar soluciones, entre ellas rehabilitar nuevas escuelas y proporcionar otros albergues provisionales.
Uno de los centros es refugio de palestinos y campesinos sirios desplazados, algunos desde el año 2012 y a los cuales se les ofrecen al menos, trabajos individuales para subsistir porque la demanda supera ampliamente, en casi diez veces, las ofertas actuales.
Si la paz regresa y la rehabilitación de sus hogares originales se inicia, una gran mayoría regresará.
Así lo confirmaron a los reporteros, sin titubear, agradecidos del respaldo que les ofrecen pero convencidos de que “la vida es esperanza y quien pierde la esperanza pierde la vida”.
Jededet Artuz es uno de los cinco centros habilitados en las cercanías de Damasco para los refugiados pero pocas veces es visitado por personas o medios de prensa interesados en divulgar la otra parte de la verdad; los sirios desplazados no marchan solamente al exterior, la mayoría lo hacen dentro del propio país y eso es un drama que no puede ignorarse. (PL)













COMENTAR
Miguel Angel dijo:
1
4 de marzo de 2016
07:35:36
Hiram Perez Soto dijo:
2
4 de marzo de 2016
09:33:14
Responder comentario