CARACAS.— Ya se cuenta en horas el tiempo que resta para las elecciones del próximo domingo en Venezuela, y en el ambiente cotidiano del país entero late la expectativa de lo que podrá ocurrir con el futuro inmediato de la nación.
Desde hoy y hasta el amanecer del venidero día 6, no habrá más voces multitudinarias como esas tremendas mareas rojas que inundaron de un modo esperanzador avenidas y plazas en las ciudades y pueblos principales.
Anoche concluyó por ley la campaña electoral, y a pesar de las dos claras opciones que contienden en franca rivalidad, esgrimiendo proyectos de sociedad diametralmente opuestos, solo pudieron escucharse con clamor verdadero de pueblo las voces de los 18 partidos aliados en la fuerza chavista nombrada Gran Polo Patriótico Simón Bolívar.
Para el bloque progresista —y también para todas las personas que aún sin ser venezolanos sienten por la Revolución Bolivariana esa simpatía natural que despiertan los procesos esencialmente humanos— alentó mucho esa demostración física de respaldo masivo que pudo observarse en las jornadas anteriores.
Ciertamente, conquistar la mayoría de la Asamblea Nacional es un reto que exige una definición matemática en las urnas, voto a voto, más allá de la expresión de pasiones que significa una movilización; pero el sentir popular tiene diversas maneras de mostrarse, y estos espaldarazos colectivos que la gente dio en las calles permite reconocer sentimientos políticos dominantes que se anuncian como definitorios en los resultados del 6 de diciembre.
Otra señal es el silencio sospechoso de una coalición opositora, que ni en los días establecidos por la ley dedicó esfuerzos visibles y persistentes a mostrar los rostros públicos de sus candidatos, a promover un posible programa de gobierno, a convocar algún acto masivo que conquistara por entero el largo de una calle o la anchura de una plaza, y lograr de ese modo algún efecto mediático comparable al despliegue realizado por la izquierda.
De su parte, solo echaron mano a la palabra “cambio” como el término bandera de la propaganda, que usado a modo de “dedo en la llaga”, hurgó en las posibilidades ofrecidas por el descontento y la ansiedad de una población que ha sufrido carencias materiales, especulación, y otros efectos directos de una guerra económica artificial, promovida por ellos y contra el mismo pueblo del cual esperan conquistar votos de respaldo.
Una razón que tal vez explique la escasa presencia pública de la derecha oligárquica durante el periodo de campaña electoral, sea la dedicación tremenda con que se encargaron de salir al mundo a buscar la alineación de figurines políticos altamente influyentes, capaces de generar falsas matrices de opinión en la comunidad internacional.
Hasta hoy, la oposición no se ha cansado de buscar esos padrinos extranjeros que la emprendan abiertamente contra el sistema democrático venezolano, y los ha encontrado en algunos vocingleros de alto peso.
En los últimos días, y a pesar de la intensa agenda de campaña política, hubo nuevos espacios que permitieron visualizar con ejemplos palpables lo que se juega el pueblo venezolano en su voto dominical: por el Gobierno Bolivariano más pensiones aprobadas, modernas obras de infraestructura, miles de viviendas entregadas, la ampliación del alcance de las misiones sociales de salud y educación; mientras por la oposición, solo el cacareo de la “necesidad urgente del cambio” y la demostración inobjetable de una postura radical contra toda política de beneficio social, como ilustró la reciente negativa de sus diputados a aprobar un presupuesto nacional para el 2016, que sigue dando luz verde a los recursos demandados por las medidas revolucionarias.
Con los ojos del mundo entero encima, el país ha organizado su proceso electoral de una manera ejemplar.
Por otro lado está la transparencia como cualidad constante de todo el cronograma cumplido de un proceso electoral que, abierto de forma soberana y respetuosa al acompañamiento internacional, otra vez mostrará sobradas evidencias de su legitimidad.
Sobre los números posibles y sus consecuencias ya se ha dicho suficiente: serán 167 asientos del Parlamento en disputa, y como única meta, conquistar una cifra que indique mayoría. De ello depende que la Revolución continúe o retroceda.
Desde hoy y hasta el domingo no queda tiempo para otra cosa que esperar la consolidación de la expectativa latente en Venezuela, la expresión inobjetable de la voluntad popular. Lo que resta por decir se conocerá en las urnas.













COMENTAR
Nicolas dijo:
1
4 de diciembre de 2015
03:07:31
Ralfp dijo:
2
4 de diciembre de 2015
09:43:02
Kolia Garcia dijo:
3
4 de diciembre de 2015
09:51:24
Armando67 dijo:
4
4 de diciembre de 2015
13:35:36
Carlos Toledo dijo:
5
4 de diciembre de 2015
15:27:31
Alberto García dijo:
6
4 de diciembre de 2015
20:12:27
Luis Eduardo Raimondi dijo:
7
4 de diciembre de 2015
22:30:39
Luis Eduardo Raimondi dijo:
8
4 de diciembre de 2015
22:36:21
Responder comentario