CARACAS.—Madelaine Acosta está por segunda vez en Venezuela. “Esto no tiene nada que ver con el 2004. Ya es otra cosa, y eso se debe también a lo que hemos hecho”.
Desde Jagüey Grande, en Matanzas, vino aquí dentro del grupo primero de colaboradores asignados para contribuir, en las zonas más humildes, a mejorar un modo de vida dominado por la marginalidad y sus flagelos. Eran los primeros días de la misión social Barrio Adentro Deportivo, y ella, como todos los fundadores, empezó desde cero.
“No fue fácil, porque no solo nos enfrentamos a un contexto social nuevo, sino, además, a la desconfianza de la gente engañada por criterios negativos sobre los cubanos, que venían a quitarles los empleos, a aprovecharse del pueblo…
“Con la perseverancia y el resultado del trabajo los convencimos rápido, cuando nos vieron casa por casa, invitándolos a sumarse a nuestras propuestas participativas, sin ningún compromiso, ni costo, ni obligación.
“Si un día venía un abuelo, al otro día eran cinco, y así fueron sumándose, porque vieron que con nosotros sus vidas comenzaron a cambiar”.

DE AYER A HOY
“Ahora la historia es otra, porque llegas y ya tienes un lugar donde te esperan”, explica el habanero Ariel Sánchez, a siete meses de su primera misión.
“Encontré un país que me acogió con alegría, sobre todo en el ánimo de los abuelos de la zona a la cual llegué. Debió ayudar la ternura adicional que siempre los acompaña con la edad, pero de todos modos noté un agradecimiento que ya venía de antes, del resultado logrado por el colega que me precedió.
“Hacía algún tiempo que él había terminado, y los abuelos, algo desentrenados, volvían a padecer los dolores de antes. Por eso vieron la luz cuando llegué, y la incorporación fue masiva. Es lo primero que hago en el día, trabajar con ellos, y de todas las actividades la que más disfruto.
“Conocí a varios con un bastón, o en una silla de ruedas; pero a estas alturas muchos ya soltaron el bastón y llegan, presumiendo de un modo cómico, que no lo necesitan; en tanto otros se levantaron de la silla, y con algún apoyo, también disfrutan la mejoría. La verdad, yo gozo con ellos.
“Otra parte del día la paso en una escuelita primaria, con los niños más pequeños, hasta el tercer grado. Les hago la educación física, juegos de recreación variada y les entreno en deportes como el ajedrez, el fútbol sala y el kikimbol, que los divierte muchísimo.
“Los niños tienen una capacidad extraordinaria para sorprenderte, y con sus actos ingenuos, demostrar lo útil que uno puede ser.

“Yo mismo trabajo en Catia, pero resido en otra zona de clase media, donde los pequeños no se relacionaban en la tarde, cuando volvían de la escuela. Para el Día de los Niños quise montar allí una actividad recreativa con ellos, para que no les pasara por alto, y fue tremendo el resultado. Claro, lo he tenido que pagar, porque ahora no hay tarde que no llegue a la casa y no haya un grupito esperándome: ‘¡Cubano, saca un balón y vamos a jugar aquí, o allá!’. Yo mismo me la busqué”, dice Ariel, y se ríe.
“Sin embargo, la parte más conmovedora es la que hago como rehabilitador. Ahora mismo hay una casa donde quisieran verme todos los días, para ejercitar a un muchacho de 23 años, que quedó hemipléjico.
“Voy a hacerle movilidad articular, reeducación de la marcha, y los avances se van notando. Ya camina, aunque con defectos todavía, y habla mejor, mucho mejor. En su casa quieren que vaya con más frecuencia, pero mi trabajo es más amplio y ellos entienden.
“No obstante, ese deseo te confirma que también nuestra colaboración significa una esperanza… y ya son 11 años sembrando esperanza”.
LAS OTRAS VOCES
Basta con caminar donde estos muchachos, y es fácil encontrar voces de pueblo agradecido.
Miguelina Guzmán, por ejemplo, tiene 75 años; “pero me siento de 30”, apura, y suelta una carcajada.
“Desde que estoy en el club de abuelos hago cosas que ni de chiquita, empezando porque soy montuna y la timidez me tragaba. ¿Usted cree que yo hablaba así? Para nada. Ahora es que me he soltado, gracias a la vitalidad que siento con los ejercicios y las actividades animadas”.
“Yo no llevo mucho, pero me siento cheverísimo”, la secunda Amanda de Rodríguez, “porque era puro metido en mi casa, puro oficio, cuidando nietos. Me dije, no, me voy para la calle con los cubanos, y desde entonces soy otra, jugando dominó, bolas criollas, bailoterapias. Me dicen vamos para acá, y para allá nos vamos.
“Es que mientras uno tenga salud, lo tiene todo, y estos muchachos han venido de tan lejos para traernos estas oportunidades”, cierra.
LA OBRA
Como coordinador de la parroquia caraqueña de Sucre Norte, Liusván Eduarte habla con la autoridad de quien ha comprobado el impacto de la misión en varios escenarios.
“En 11 años de Barrio Adentro Deportivo —que ha incluido la atención y promoción del alto rendimiento atlético— la educación física popular en la sociedad venezolana ha dado un salto trascendental”, exalta.
“Mediante ella puede observarse uno de los impactos sociales más contundentes de la Revolución Bolivariana y el apoyo solidario de los cubanos, en la masificación del deporte, la inclusión de los adultos mayores, de los discapacitados, la diversión de los niños, todo con una proyección comunitaria.
“Desde sus inicios hemos incrementado las matrículas de abuelos, la realización de pruebas de eficiencia física en las escuelas, la intervención en zonas de extrema pobreza, en parques, plazas, bulevares, y en los últimos tiempos, vinculados directamente al trabajo de nuestros médicos y promotores culturales, de modo que el aporte de las misiones a la comunidad, llegue como un producto acabado, más integral.
“En definitiva, el agradecimiento del pueblo siempre va a estar, porque todo lo que se hace de corazón, con amor, se devuelve en cariño”.
Si no fuera así, Madelaine, la fundadora de Barrio Adentro Deportivo, no hubiera vuelto por segunda vez. Cuando le hablaron de venir, en el 2004, la única certeza que traía era la de hacer bien lo que aprendió.
Quizá en la academia le habían hablado de cuanto puede el deporte en la transformación espiritual de una persona, en sus valores, pero no lo supo bien hasta que lo vivió de verdad, allá en el municipio de Varela, en el estado de Trujillo.
“Una vez, en una actividad recreativa sobre una cancha de baloncesto, se me acercó un joven que preguntó bajito si podía incorporarse. Traía un revólver en la cintura, y aunque me asustó un poco, le pedí que se sumara, pero después de guardar el juguetico. Al otro día José volvió con el arma, y antes de entrar, me miró, se sonrió y la guardó.
“Desde entonces nunca dejó de ir, y ya no la llevaba. Me confesó que había dejado la droga, que antes fumaba mucho, pero prefería invertir el tiempo con nosotros.
“Al final de la misión, José era el promotor deportivo de su comunidad. Fue una de mis mayores satisfacciones, y la lección más clara de lo que puede el deporte si se utiliza bien.
“Para volver a Venezuela, ya no necesité ninguna explicación. Tenía la historia de José”.













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Abmv dijo:
1
31 de julio de 2015
02:23:57
Sandra dijo:
2
31 de julio de 2015
20:11:13
Raidel dijo:
3
5 de agosto de 2015
14:07:11
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