
Los conflictos que se viven en la región del Oriente Medio han tenido, en las últimas décadas, un alto componente explosivo por ambiciones foráneas de apoderarse del petróleo allí existente.
No solo las rivalidades locales han generado largas guerras, también, y en mayor medida, los poderes representados por empresas transnacionales y potencias occidentales, principales beneficiadas con los suministros de crudo provenientes de esa zona.
Soy de los que piensan que la riqueza mineral —petróleo y gas fundamentalmente— no solo ha sido un factor que provoca ambiciones internas y externas, sino que enfrenta a poderes hegemónicos que se disputan tal riqueza.
Así, por ejemplo, Irak uno de los mayores productores mundiales de crudo, vive en conflictos desde hace varias décadas, y una buena parte de su población no conoce ni del desarrollo que generan tales riquezas, ni de las condiciones mínimas de vida y confort que deben ser el objetivo de la explotación de estas..
La situación es igual o parecida en otros países que han vivido y viven en medio de invasiones y ocupaciones de las fuerzas militares norteamericanas, o sacudidos por grupos extremistas que han levantado bandera aprovechándose del caos dejado por las fuerzas de ocupación.
De esa forma Al Qaeda se extendió hacia territorios donde nunca antes había existido, como el caso de Irak y Siria. También han proliferado otros grupos, incluso más extremistas aún como es el caso del llamado Estado Islámico de Irak (EI), hoy con alta presencia en estos dos países.
Otra vez el terrorismo alimentado por quienes en Occidente han financiado y armado a esas facciones de distintas fachadas, está sembrando la muerte y el salvajismo en lugares con una historia milenaria.
El asunto es que, mientras estos elementos se usan para combatir a gobiernos legítimos pero no acordes con los intereses norteamericanos, como ocurre en Siria, son alimentados con dinero y armas suficientes para cometer las más bárbaras fechorías.
Recordemos a Osama bin Laden y los talibanes, armados por Washington para combatir la presencia de la ex Unión Soviética en Afganistán y, como ocurre ahora, con el Estado Islámico de Irak usado en su momento para combatir al gobierno sirio de Bashar al-Assad.
Ese mar crispado, creación completa de los gobiernos y la CIA norteamericanos, ha sido y es un arma al servicio de los intereses occidentales, a la vez que permite la justificación perfecta para invadir países, vender cantidades millonarias de armas, y garantizar el control de los pozos petroleros que abastecen a una buena parte de Occidente.
Por estos días el mandatario norteamericano, autodenominado jefe de la policía mundial, Barack Obama, ordenó bombardear posiciones del Ejército Islámico en Irak y Siria, en este último país sin consulta alguna con el gobierno legítimo de Bashar al-Assad.
Desde sus aviones y navíos de guerra Washington arremete con todo, y no pocas veces las vidas civiles son blanco de esa metralla letal.
Sus últimas acciones se han dirigido contra refinerías bajo el control de los extremistas islámicos, de donde el EI obtiene más de dos millones de dólares diarios de ganancia para mantener activo y armado al grupo.
En un comunicado del centro de operaciones instalado por Estados Unidos para dirigir estas acciones, se señala que entre las pequeñas refinerías golpeadas por las bombas y cohetes, están las de Mayadin y Abu Kamal, en la parte sur del valle del Eúfrates y en al-Houl, provincia de Hassakeh, más al noreste, todas en Siria.
El grupo armado EI también ha obtenido el control de varios campos en el sur de la provincia de Hassakeh, operados antes por la empresa estatal SPC, incluyendo al-Houla, Shadada y Jbeissa.
Según lo publicado por BBC, la mayoría del petróleo sacado de contrabando de los campos de Siria ha sido vendido a comerciantes en Turquía.
Lo que sí está claro es que el petróleo, utilizado por los terroristas para su avituallamiento de armas y municiones, está en la mirilla de Estados Unidos y otras potencias occidentales, que quieren asegurar su control y explotación para seguir dando vida a un sistema decadente que se quiere mantener bajo el manto de las bombas y los cohetes.
Mientras en Siria e Irak la guerra sigue, el Complejo Militar Industrial norteamericano aumenta sus ganancias produciendo medios letales de alto costo y tecnología que pagan los propios contribuyentes norteamericanos y algunos magnates del Golfo, también involucrados en esta contienda.















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Pedro NL dijo:
1
27 de septiembre de 2014
11:03:26
Jorge Piñón dijo:
2
27 de septiembre de 2014
11:54:49
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