Las fotografías tantas veces disfrutadas no resultan suficientes. Apenas ahora lo comprendo. Y lo cierto es que la ciudad de Brasilia resulta mucho más imponente al transeúnte de lo que pueda parecer en imágenes.
Con anchísimas avenidas y majestuosas construcciones, fue una ciudad edificada desde cero a partir del año 1956, para asentar aquí la nueva capital de la República Federativa de Brasil en 1960. Fue al Presidente Juscelino Kubitschek a quien correspondió impulsar dicho proyecto, cuyas labores de urbanismo y arquitectura encomendó a Lucio Costa y Oscar Niemeyer quienes, en pocos años, ya tenían construidos los cimientos del famoso “plano piloto” en medio de una planicie junto al Estado de Goiás.
Transmitir un aire de modernidad mediante la arquitectura fue la premisa fundamental seguida para dar vida al diseño de esta regia metrópolis donde se aloja al corazón gubernamental del país. Era una empresa casi utópica, decían muchos cuando comenzó el proyecto. Hoy Brasilia deslumbra y muchas de sus edificaciones, la mayoría de ellas nacidas del ingenio y la imaginación de Niemeyer, se han convertido en íconos para la arquitectura mundial.
La Catedral, por ejemplo, es una increíble estructura compuesta por 16 columnas parabólicas de cemento y vidrio teñido que representan unas manos mirando al cielo. A ella solo puede accederse a través de un túnel subterráneo que vuelve más fascinante su visita. Muy cerca de ella encontramos el Museo Nacional, una cúpula casi perfecta, semejante a un planeta blanco, cuya órbita es la Explanada de los Ministerios, con edificios prácticamente idénticos y alineados.
Al fondo fue diseñada la Plaza de los Tres Poderes, donde radican el Palacio de Planalto, lugar de trabajo oficial del Presidente de Brasil; el Tribunal Supremo Federal; y el Congreso Nacional, este último una solemne construcción de dos torres flanqueadas por sendas cúpulas, una en posición normal y otra invertida, donde radican la Cámara de Diputados y el Senado.
Más de cincuenta años después de su fundación, Brasilia es también una ciudad querida por su gente, donde una nueva generación ya se identifica con sus costumbres y estilos de vida, y se manifiesta orgullosa de habitar estas tierras. Así pudo apreciarlo nuestro equipo de prensa al conversar con varios de sus habitantes; y es que Brasilia, ciertamente, es también una ciudad afectuosa, de gente alegre y entusiasta que disfruta inmensamente saberse parte de su desarrollo.















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Claudio dijo:
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16 de julio de 2014
13:29:56
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