
La audiencia se convirtió en una batalla. El Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, compareció esta semana ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado, donde fue duramente cuestionada la política del gobierno de Barack Obama. A pesar de todas las sanciones o intentos desestabilizadores contra países como Siria, Irán o Rusia, los senadores consideran que la actual administración no ha sido lo suficientemente firme en sus acciones.
“La única opción que le queda a Estados Unidos, a este o a cualquier otro presidente, es aceptar un Irán con armas nucleares o emprender una acción militar”, afirmó Bob Menéndez, presidente del Comité, como muestra de los términos a los que llegó la discusión.
“No conozco a ningún estadounidense que haya dicho que deberíamos ir a la guerra por Crimea”, comentó en otro momento Kerry, con tono más realista, al tiempo que defendió la búsqueda de una solución negociada al conflicto en Siria. Luego, aunque dijo que la actuación de Rusia en Ucrania es “un intento ilegal e ilegítimo de desestabilizar un país soberano” —algo cínico para un funcionario estadounidense—, admitió que una ampliación de las sanciones económicas terminaría afectándolos a ellos mismos.
¿Por qué la diferencia en los discursos de Bob Menéndez y Kerry? ¿Acaso ambos no persiguen los mismos objetivos? En un momento en que pocos cuestionan el declive de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial, esas discusiones tienen lugar también dentro de la clase política —no homogénea— de ese país.
¿Cómo manejar una política exterior que da traspiés? Los desacuerdos se evidencian en debates como el ocurrido en el Senado. Dos adjetivos sirven para describir la situación actual: enojo y desconcierto.
¿CÓMO LLEGARON A ESTE MOMENTO?
La mayoría de los académicos coincide en que el periodo de hegemonía mundial de Estados Unidos, que comenzó luego de la II Guerra Mundial, se resquebrajó a partir de los años 70, una década marcada por crisis económica, la derrota en Vietnam, el escándalo de Watergate, la renuncia de un presidente y la Revolución Islámica.
Con el desmoronamiento de la Unión Soviética el poder omnímodo de Washington pareció renacer. Pero Charles Krauthammer, un autor conservador norteamericano, bautizó ese periodo en 1991 como “el momento unipolar”. Fue solo un instante, aunque algunos sectores pensaron que podrían prolongarlo en el tiempo.
Los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 les dieron la excusa. La administración Bush intervino en Iraq unilateralmente, sin la anuencia de Naciones Unidas. Para Immanuel Wallerstein, un prestigioso cientista social norteamericano, su país fue a la guerra no solo para apoderarse de los recursos naturales de esa región, sino “para demostrar que podían”.
Sin embargo, el programa de los neoconservadores, “en vez de reafirmar la hegemonía de su país, tuvo el efecto contrario, aceleró su decadencia, hasta un punto que ya dejó de ser reversible”, ha escrito Wallerstein.
No ganaron las guerras en Iraq ni Afganistán; América Latina se ha movido a la izquierda; Rusia y China no permiten que Estados Unidos tome solo todas las decisiones en el Consejo de Seguridad. El mundo ha cambiado. ¿Están ellos dispuestos a aceptarlo?
¿QUÉ OPCIONES TIENEN?
Discusiones como las del Senado esta semana demuestran que no toda la clase política está consciente de sus limitaciones en el escenario internacional actual. Los países foco de los debates fueron Siria, Irán, Ucrania y Rusia, y en menor medida Afganistán, Libia, Israel y Palestina y Venezuela.
Por ejemplo, el Senador Bob Corker, republicano por Tennessee, condenó la postura de Obama con respecto al gobierno de Bashar al-Assad. “Nos sentamos en la parte de atrás del autobús mientras Irán y Rusia realmente impulsan la política en Siria”.
Corker le recordó al Secretario de Estado que el Comité de Exteriores votó a favor de una solución militar a la crisis, idea que él aún defiende, al parecer inconforme con la abierta ayuda militar que llega a las bandas terroristas sirias desde Occidente.
“Vivimos en un mundo muy complicado”, fue la respuesta de Kerry, y elogió el acuerdo alcanzado con Rusia el año pasado que evitó una agresión directa de Estados Unidos contra Damasco.
Con respecto a la situación en Crimea, Bob Menéndez le preguntó al Secretario de Estado si la administración tomaría otras sanciones contra Rusia. “Es un país con el que tendremos que lidiar, pero por esa misma razón, en estos momentos parecen actuar de manera contraria a casi todos nuestros intereses”.
“La dura realidad —contestó Kerry—, es que la relación con Rusia produce al mismo tiempo consternación y conflictos, así como cooperación”.
“En el curso de los últimos años, hemos cooperado en Afganistán. Hemos cooperado en Siria. Hemos cooperado en el G5+1”, añadió. “Reagan negoció con Gorbachov. Nixon con Mao. Es la realidad en el mundo con la que estamos tratando de avanzar”.
Nadie en Estados Unidos dijo que deberíamos ir a la guerra por Crimea, reiteró Kerry, aunque advirtió que se están planteando nuevas sanciones contra Rusia, en sectores como el bancario y el energético. No obstante, reconoció que avanzar en ese camino afectaría no solo a los rusos, sino a la propia economía norteamericana.
El Senador James Risch, republicano por Idaho, fue más claro en el reconocimiento a su pérdida de hegemonía, y más severo en los cuestionamientos al actual gobierno. “No puedo evitar tener la impresión de que nuestra política exterior está fuera de control. Estamos perdiendo el control en prácticamente todas las áreas donde tratamos de hacer algo”.
Por su parte, el Senador Ron Johnson, republicano por Wisconsin, recordó cómo Obama se burló del excandidato a la presidencia, Mitt Romney, cuando este dijo que “Rusia era el mayor enemigo geopolítico de Estados Unidos”.
“Si esto es solo una batalla geopolítica entre Estados Unidos y Rusia sobre Ucrania, perdemos, porque estamos jugando en su patio trasero”, admitió el Senador demócrata por Connecticut Christopher Murphy.
A su turno, el Senador John McCain recordó la frase del expresidente Teddy Roosevelt, a quien considera su “héroe”: “Habla en voz baja y lleva contigo un gran garrote”. Lo que está haciendo la administración —considera McCain— es “hablar en voz alta y con un palo muy pequeño, de hecho, una ramita”.
La solución al tema sirio tiene que ser a través de un proceso político, insistió Kerry. “Podemos ir a la guerra —dijo con respecto a Irán. Un montón de gente está dispuesta a lanzar bombas todo el tiempo. Podemos hacer eso. Tenemos la capacidad. Pero este Presidente y este Secretario de Estado creen que Estados Unidos tiene la responsabilidad de agotar primero todas las posibilidades diplomáticas”.
LOS CAMBIOS DE OBAMA
Cuando Barack Obama ocupó la Casa Blanca parecía que había llegado al poder un sector político que comprendía las limitaciones de Estados Unidos.
Vale aclarar que cuando Kerry habla de “soluciones diplomáticas” no está pensando en alguna que beneficie a los pueblos, sino en una que les permita lograr sus propósitos sin involucrarse directamente en un conflicto armado.
Los métodos de guerra no convencionales al estilo de Libia, que se aplican en escenarios del mundo entero tan distantes como Ucrania y Venezuela, se han convertido en la doctrina predominante para lograr los objetivos de seguridad nacional de Estados Unidos.
Igualmente, cuando el Secretario de Defensa, Chuck Hagel, anuncia recortes en el Pentágono, no significa que Estados Unidos limitará su intervencionismo, sino que cambiarán los modos en que manejarán los conflictos: menos tropas terrestres y más dinero para las Fuerzas de Operaciones Especiales y la guerra en el ciberespacio.
Así, aunque hablar de una era post-estadounidense no es solo la proyección de un deseo o un punto de vista político, es difícil predecir cómo será el proceso de transición, pues si bien el poder de Washington disminuye, aún es mayor que el de cualquier otro. Todavía son la primera potencia del mundo, aunque ahora tienen que contar cada vez más con países lo suficientemente fuertes como para defender sus propios intereses, así como con la creciente influencia de agrupaciones de naciones que alcanzan una unidad política.
En los próximos años, los estadounidenses podrían aceptar la nueva realidad y aprender a vivir en el nuevo escenario, o podrían reaccionar en formas muy agresivas y peligrosas. ¿Qué camino escogerán? Debates como el del Senado esta semana sirven para ejemplificar que la clase política en ese país no es homogénea, y que las decisiones tomadas en materia de política exterior dependen en buena medida, de sus dinámicas internas.















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